sábado, 31 de octubre de 2015

ADIÓS A JOSÉ ALDA (MI TÍO)

Al escribir este adiós, hoy me siento doblemente triste. Primero porque despido a uno de Godojos. Segundo porque aquel a quien despido era tío carnal mío.
José Alda Cebolla nació en Godojos hace ochenta y cuatro años. Fue el último hijo de mi abuela Petra y de mi abuelo José. Hermano de mi padre Ildefonso, de mis tías Marcela, Lucila, Prudencia y de mis tíos Eduardo y Pablo. José nació cuando mi padre ya tenía veinte años. Era el pequeño de la familia. Con su muerte hemos perdido al último representante que nos unía a todos los Aldas de la familia.
José vivió en Godojos hasta la muerte de mi abuela Petra en el año 1954. Después se trasladó a Zaragoza, donde en sociedad con su hermano Pablo regentaron hasta su jubilación una tienda de ultramarinos. Se casó con la tía Maruja, que procedía de Nuévalos. De su matrimonio nacieron José Ignacio, Maricruz y María José, que juntamente con sus dos nietas Vero  y Arancha y su nieto Daniel hoy lloran su pérdida.
De joven José trabajaba despachando en la tienda y preparando el pan en el horno de Godojos. En el pueblo le llamaban “Joselillo” y era querido por su carácter abierto, servicial y amable. Uno de Godojos me ha mandado un correo diciendo que sentía mucho la muerte de “Joselillo”, o sea que aún se le recordaba con ese nombre.
El tío José para todos de nuestra familia era un referente. Le queríamos porque siempre estaba muy cercano a nosotros. Sabía nuestra fecha de cumpleaños y nunca se olvidaba de felicitarnos. Nos llamaba muchas veces por teléfono y siempre nos preguntaba por todos los miembros de nuestra familia. Si alguno caía enfermo o estaba ingresado se desvivía interesándose por su salud o subiendo a visitarlo. Se alegraba con  los éxitos logrados  por nosotros o por nuestros hijos y disfrutaba contemplando a la familia unida y viendo que teníamos un pasar confortable.
El tío José se emocionaba fácilmente. Era muy sensible. Le saltaban las lágrimas con facilidad. Tenía muy buenos sentimientos y era profundamente religioso. Conservó siempre la fe que le inculcaron de pequeño en Godojos. También se sentía patriota. Recuerdo una anécdota que por las circunstancias que vivimos en España viene al caso. Un domingo, en Miami Playa, fuimos a misa. El sacerdote que celebraba, muy catalanista, empleaba en la misa, casi continuamente, el catalán.  Al terminar el servicio religioso, el tío José no pudo contenerse y pasó a la sacristía a protestar y a afearle al sacerdote su manera de actuar, siendo que, la mayor parte de los que participábamos en la misa, éramos castellano parlantes. El sacerdote le contestó que él amaba mucho a su  lengua y a su patria. El tío le contestó que debería amar más a los fieles que participaban en la misa porque eran personas, que a su lengua y a su patria.
Un capítulo importante para nosotros era su participación en los almuerzos que celebramos un grupo de amigos de Godojos o allegados. El tío José disfrutaba como nadie de ellos. Primero porque se sentía muy a gusto rodeado por todos  y segundo porque sabía saborear los ricos alimentos como nadie. Él siempre decía: “el que come escapa”, y tenía razón. Mientras mantuvo ese buen apetito que le caracterizaba estuvo bien, cuando lo perdió cayó en picado. El miércoles pasado deberíamos haber celebrado el primer almuerzo de la temporada. Paco, el marido de Dolores, que era quien invitaba, al saber que el tío estaba malo lo suspendió. Sus hijas así se lo comunicaron y él se emocionó al conocer lo que el grupo había decidido. Ahora los tendremos que celebrar sin él. Ya nos han fallado unos cuantos. Joaquín por que se ha retirado de ellos y José Antonio, Jorge y Alfonso porque precedieron en este trance a mi tío.  
Nos ha dejado José pero queda entre nosotros su recuerdo y el cariño que siempre nos manifestó. No lo olvidaremos fácilmente. Además de su familia más cercana muchos lo añoraremos y le echaremos de menos. Descansa en paz, querido tío. Tengo fe y sé que donde has ido estarás estupendamente y que Dios, nuestro buen Padre del Cielo, te habrá recibido con los brazos abiertos. Descansa en paz.
CARLOS ALDA

ZARAGOZA 31 DE OCTUBRE DE 2015

martes, 22 de septiembre de 2015

ASOCIACIÓN DE MUJERES RURALES DE GODOJOS


Hace unos pocos años, un grupo de mujeres valientes decidió formar una asociación rural en el pueblo de Godojos, provincia de Zaragoza. Hoy esa ASOCIACIÓN, formada por mujeres de todas las edades, es una realidad eficaz y llena de vida.
En un pueblo como Godojos, que ha sufrido los efectos de la despoblación y la liquidación casi total de su ancestral y autóctona forma de vida, basada sobre todo en la agricultura, especialmente en el cultivo de la vid, de la que sacaban maravillosos caldos, era necesario que alguien removiese las conciencias adormecidas y la vida tranquila y monótona de sus habitantes y les hiciese recordar sus raíces, sus costumbres y su razón de ser. Esto lo está  consiguiendo este grupo de mujeres que, desde su asociación, han dinamizado diferentes proyectos y han creado una ilusión colectiva que antes no existía.
Las diversas responsables que, sucesivamente han capitaneado el grupo, han sabido moverse por el no siempre fácil mundo de las Autonomías, Diputaciones Provinciales y Ayuntamientos  para conseguir las subvenciones, que en justicia les correspondían, para realizar actividades y obras dentro de la Asociación y de su pueblo.
Participan con otras asociaciones de mujeres rurales, de los diferentes pueblos de la comarca, en encuentros anuales, muy beneficiosos, porque además de la convivencia que realizan, intercambian puntos de vista, ideas y realizaciones  que todas ellas llevan a cabo en sus respectivos pueblos.
Todos los años preparan una excursión a variados puntos de España, donde, además de la convivencia, disfrutan visitando monumentos artísticos o lugares emblemáticos ampliando así su cultura y sus conocimientos sobre nuestro país. Iniciaron sus viajes visitando la ciudad de Toledo con su catedral, sus iglesias, su Alcázar y sus numerosos museos. También realizaron sendas excursiones a San Sebastián, Segovia, Valencia y Pamplona. Este año han visitado Teruel y la preciosa ciudad de Albarracín. El eslogan de “Teruel Existe” lo han hecho propio también ellas, reivindicando su existencia y la importancia de su asociación.
En Teruel, acompañadas en todo momento por una competente guía, visitaron su riquísimo patrimonio MUDEJAR. La torre, techumbre y cimborrio de la catedral de Santa María. Las otras tres torres mudéjares: Torres de san Martín, San Pedro y El Salvador, admiraron  su belleza y se empaparon  de su rica historia y de sus curiosas leyendas.  Más cosas hay en Teruel que no dejaron de visitar: Monumento a los Amantes, Diego Mansilla e Isabel de Segura. Plaza del Torico, que probablemente da origen al nombre de Teruel. Su poética  leyenda, con su ángel y su estrella.
También visitaron la medieval judería y el ACUEDUCTO, obra realizada en el Renacimiento, el mayor de España en aquellos tiempos. En su recorrido con el tren turístico  visualizaron de nuevo todas estas maravillas y llegaron hasta el mirador de Mansueto desde donde se contempla una panorámica inmejorable de la ciudad.
Por la noche cena, baile y descanso en el hotel que las acogió.
A la mañana siguiente, viajaron a Albarracín, maravillosa ciudad medieval, capital del reino de Taifa que llevaba su mismo nombre. Hay mucho que ver y andar en Albarracín. No pudieron visitar su catedral porque está en restauración, pero sí que vieron la fachada barroca del Palacio Arzobispal, el castillo restaurado, su muralla perfectamente conservada con sus torres del Andador y de doña Blanca. También visitaron la casa Julianeta, típica de la ciudad.
Después de saborear ricos manjares en el  almuerzo de mediodía reiniciaron la vuelta a casa, satisfechas de su convivencia y de lo que habían visto, vivido y disfrutado.

CARLOS ALDA.







miércoles, 1 de julio de 2015

ADIÓS A BIENVENIDO CUERDA

El domingo, día 28 de junio, los habitantes de Godojos dijeron adiós a Bienvenido. Bienvenido era una persona importante en Godojos. Toda su vida había vivido en el pueblo con su mujer, y en el pueblo nacieron también sus hijas y su hijo. Su presencia en el bar todas las tardes era un referente. Los que vamos al pueblo, de cuando en cuando, lo echaremos de menos, como echaríamos de menos no encontrar el castillo, la ermita de san Jorge o de santa Ana. Las personas desaparecemos, los edificios continúan.
Lo recuerdo, cuando yo era niño, que vivía en la cuesta del castillo con su madre la tía Juana y con su hermano Pedro Cuerda, el famoso y querido “Cascarillas”, que tantos ratos buenos nos hizo pasar con la facilidad que tenía para inventar canciones o imitar la forma de hablar de las personas.
Bienvenido fue siempre una persona sencilla y trabajadora, amante de su pueblo y amigo de sus amigos. Vivió feliz rodeado de los suyos y de sus amigos. Yo desde aquí doy mis condolencias a sus familiares y pido una oración a la Virgen de esperanza, su vecina, por él.
Adiós, Bienvenido. Te echaremos de menos cada vez que vayamos a Godojos.    
ZARAGOZA 1 DE JULIO DE 2015

CARLOS ALDA

LOS VERANOS DE GODOJOS

Tengo suerte. Mis recuerdos de Godojos son todos buenos. Los veranos eran calurosos y divertidos. Es cierto que, ya siendo niños, teníamos que trabajar y ayudar a nuestros padres en las labores relacionadas con el campo y con la recolección de las cosechas.  ¿Quién  no recuerda los tiempos de “RAYAR”? EL CAMPO DE Godojos se llenaba de hombres, mujeres, niños, animales y toda clase de sombreros y canciones. Uno a uno íbamos despuntando los pámpanos y quitando cantidad de brotes, para que las uvas engordasen más. Era un tiempo alegre amenizado por alguna tormenta y por la consiguiente barrancada. Las mujeres, sobre todo las mocicas, protestaban por tener que ir a rayar. Echaban la culpa de este nuevo trabajo al tío Jacobo, se ve que gracias a él se empezó a rayar en Godojos, trabajo importante para que engordasen laS uvas quitando la exuberancia de los pámpanos.
Pocas fiestas se celebraban en estos meses. Había pasado san Gregorio y en junio celebrábamos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Esta fiesta era muy importante en Godojos. Siendo alcalde mi Padre, Ildefonso Alda y teniente de alcalde, Cipriano Borque, se decidió  traer una banda de música que acompañara los numerosos actos litúrgicos, sobre todo la misa y la procesión, que amenizara el baile del vermut, a medio día, y que distrajera a todos con los bailes de la tarde y de la noche. Era un descanso necesario en medio de las faenas de la siega. Yo era muy pequeño, pero mi abuelo Royo murió la víspera del Sagrado Corazón  de Jesús, recuerdo que lo enterraron y tocó la banda de música, canciones tristes en el entierro. En Godojos se tenía mucha devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en muchas puertas estaba su imagen y la plaza principal del pueblo lleva su nombre.
Después del Sagrado Corazón de Jesús se celebraba, en plena vorágine de la cosecha, la fiesta de san Lamberto. Los cofrades la disfrutaban a tope. Pasaban los gaiteros de Ibdes, con su tambor y su clarinete, que acompañaban a los cofrades en sus desplazamientos y que después montaban un gran baile en la plaza, tanto por la tarde como por la noche. En Godojos, en aquellos tiempos se bailaba mucho, nadie se perdía una pieza. Más de una pareja de novios salió gracias a estos bailes. Los cofrades de san Lamberto tenían una finca y disfrutaban de sus beneficios.
Mis recuerdos de finales del mes de junio se sitúan en los cerezos que tenía mi abuelo en una finca del barranco. ¡Qué cerezas más ricas! Con mis vecinas, “Las Elías”, íbamos de madrugada y traíamos llenas unas cestas blancas y grandes que era donde se guardaba la ropa. Recuerdo también la madrugada del día de san Pedro. Se tomaba chocolate en la fuente de Santa Ana y algunas casas, donde había mozas casaderas, aparecían adornadas con ramos de flores y ramas olorosas o con enormes cardos borriqueros, dependiendo de la amabilidad de la moza que la habitaba.
Mientras tanto, en los días ordinarios, los hombres de Godojos se dedicaban a segar, acarrear la cebada y el trigo, también el centeno y la avena y a trillarlos en las numerosas eras. Las zonas de la eras  se convertía en un hervidero. Hombres, mujeres, niños y niñas pasábamos casi todo el día allí. Se cantaba, se pasaba mucho calor, se merendaba y cuando bajábamos a comer, llenábamos el botijo en la fuente de la plaza, con agua fresquita, fresquita y nos echábamos un maravilloso trago y si había suerte una gaseosa del tigre o de la Samaritana.
Si amenazaba tormenta rápidamente se recogía la parva con la rastrera y con los rastros y se formaba el montón. Después había que aventarlo. Todos esperábamos que se moviese el aire “Solano”. Los hombres aventaban con las horcas, y las mujeres can sus cribas o cribones dejaban la cebada o el trigo limpios de polvo y paja. Después había que meterlo en talegas, en cada talega se metían cuatro medias, y dos talegas, o sea ocho medias, formaban un caíz. Qué curioso, en Godojos se usaba esta medida que era una medida de origen árabe. Lo peor ocurría cuando estas talegas había que subirlas al granero, que estaba en lo más alto de la casa. ¡Cuánto trabajo! Si se dejaba el trigo en la era, esa noche se dormía al raso, allí mismo, para guardarlo. Los chicos disfrutábamos acompañando a nuestro padre en semejante tarea. ¡Cómo brillaba el cielo estrellado!  ¡Qué cantidad de sonidos se percibían en las eras! El monótono grigri de los grillos, el cucu de los sapos, algunos aullidos de los perros o de los zorros, los maullidos de los gatos… era muy bonito. Nos tapábamos con una manta y dormíamos hasta el amanecer. Ver la salida del sol, redondo, redondo y lleno de luz, era un premio.
A los chicos no nos importaba trillar ni revolcarnos en la paja. Para quitarnos el picor teníamos los estanques del tío Pascual o del tío Luis en la fuente de Santa Ana.
Escaparnos de la siesta y bajar a bañarnos, con toda solina, era nuestro  deporte preferido. También de paso intentábamos buscar nidos de “picarazas”, ya que el secretario nos pagaba cada huevo a seis perricas. Las guardábamos la pandilla hasta que nos podíamos repartir  por lo menos un duro para cada uno.
Una vez que terminaban las labores el campo venía la siega del espliego. Un año fuimos con nuestros padres: Ildefonso, Cipriano y Pedro Castejón, Perico,  y sacamos dinero para ir a la feria de Calatayud y ver torear a Chamaco.
En Agosto, cuando ya se habían terminado las labores de las eras, y hasta se habían trillado y recogido las granzas, se celebraba la fiesta de san Lorenzo. Estábamos ya en el día diez. Los ricos del pueblo pertenecían a esta cofradía. Había dos días de funciones religiosas y de bailes con los gaiteros. Siempre hacía mucho calor y relacionábamos a san Lorenzo, que fue asado en unas parrillas, con el calor del verano. En el pueblo el calor se pasaba relativamente bien. Las casa eran fresca, porque muchos de sus muros eran recios, de adobe o de tapial; el agua de la fuente era fresquísima y el vino de las bodegas se mantenía a una temperatura ideal. Por las noches, se sacaban unas sillitas pequeñas y en las puertas de las casa se mantenían animadas tertulias, mientras se tomaba la fresca. Algunos creen que las tertulias es un invento reciente de los medios de comunicación, eso es porque no conocen las costumbres ancestrales de Godojos.
San Roque es el santo más venerado en los pueblos de Aragón. La Virgen de Agosto y san Roque se celebraban con mucha solemnidad en Alhama de Aragón. Muchos pasábamos, por lo menos una tarde, para ver el baile de los gigantes y correr perseguidos por los cabezudos. Nos llamaba la atención lo caliente que salía el agua en las fuentes públicas, nada que ver con lo fresca que salía en la fuente de la plaza de nuestro pueblo.
Lo que quedaba del mes de agosto y medio septiembre se pasaba vagueando en el pueblo. Algunas veces nos hacían madrugar y nos llevaban a quitar cerones en las viñas. Los chicos pasábamos el tiempo entre los estanques y la morera que la Señora Gaudiosa tenía en el regachón. En septiembre ya las cosas cambiaban. Había higos, ciruelas, melocotones, uvas… Los higos más frescos estaban en el jardín de la Iglesia, que en sus tiempos fue cementerio. Muchos no los querían probar por este motivo, pero a fe que eran buenos.
Dos fiestas se celebraban en septiembre: La Virgen y la Cruz. Ambas tenían sus cofradías y se traían a los gaiteros. La Virgen coincidía con las ferias de Calatayud. Muchos godojeños y godojeñas viajaban allí para ver las vaquillas o alguna corrida de toros. Se aprovechaba el viaje para comprar alguna caballería o aperos y cuerdas necesarias para el campo. En la fiesta de la Cruz se sacaba vino a la plaza y todo aquel que quería lo bebía gratis. Alguna melopea se cogía por este motivo.
Esto son recuerdos de Godojos. Eso ya es historia. Actualmente se va al pueblo a descansar, a disfrutar del fresquito de sus bodegas, del buen ambiente que se forma en el bar, donde se puede disfrutar de unos pinchos excelentes, y de riquísimas y sabrosísimas  chuletillas asadas con sarmientos en los hogares de las bodegas.
Un placer único es madrugar un poco, subir hasta el enebro de Matarredonda y disfrutar de un sencillo almuerzo contemplando el paisaje a la vez que sentimos el frescor de la suave brisa que sopla bajo la sombra del centenario y querido árbol. Yo invito a que, al menos una vez, se viva esta experiencia en Godojos.
ZARAGOZA, VERANO DE 2015-07-01
CARLOS ALDA

sábado, 14 de marzo de 2015

ADIÓS A PILAR CEBOLLA

El jueves despedimos en Godojos a Pilar Cebolla. Reconozco que cada vez me cuesta más escribir estas despedidas, porque cada vez las personas las encuentro más cercanas a mí.
Pilar, cuando yo era niño, vivía con sus padres en la calle Las Eras.  Pilar era prima hermana de mi padre Ildefonso, porque su padre, el tío Salvador, era hermano de mi abuela Petra.
Pilar era una mujer atenta y cariñosa. Siempre te recibía con una sonrisa cuando te veía aparecer por las Cuatro Esquinas. La echaremos en falta cuando volvamos a Godojos y no nos encontremos con su saludo y su sonrisa acogedora.
Muchos familiares y amigos quisimos darle el último adiós en Godojos y acompañar su féretro hasta el campo santo. Tristes y llorosos estaban su marido, Jesús, sus hijos, hermano y sus nietos y nietas. Las campanas tañían con unos sonidos metálicos muy tristes, cuando apareció el coche mortuorio con su cadáver. Las puertas de la iglesia se abrieron de par en par para recibirla. Entonces recordé esa canción religiosa que dice: “Las puertas de la  nueva ciudad se abren para ti, y Dios tu amigo te salvará”. La misa fue sencilla y las oraciones y los cánticos los apropiados para la ceremonia. En estas ocasiones yo siempre echo la vista atrás y me recuerdo de las misas cantadas de difuntos  de hace muchos años. Eran unas melodías tristes, pero llenas de fe, que nos reconfortaban a todos. La fe en estas ocasiones es nuestro único consuelo. Todos los que tenemos fe pensamos que en la otra vida, en la otra ciudad ya no habrá más llanto ni sufrimiento, y que un día nos encontraremos todos felices junto al buen Dios.
La subida al cementerio fue costosa. Cada vez resulta más empinada esa dichosa cuesta. Una vez allí, el sacerdote rezó un responso y puso tierra sobre su caja. Expertos albañiles cubrieron su tumba y, con pena, nos despedimos de Pilar hasta siempre.
Desde estas líneas doy mis condolencias a todos su familiares y sé que todos los nacidos en Godojos sentimos la pérdida de Pilar.
Zaragoza, 14 de marzo de 2015

CARLOS ALDA GÁLVEZ 

sábado, 28 de febrero de 2015

ADIOS A JOSE MONGE PABLO

Ayer dimos  cristiana sepultura, en Godojos, a José Monge Pablo. José era uno de los Patriarcas que quedaban en el pueblo. Había cumplido 87 años. Superó con creces la edad de su padre, que murió joven, de su madre Resurrección y de su hermano Germán. Era agradable ir al pueblo y encontrarte a José sentado al sol o a la sombra, dependiendo del tiempo, en los poyos de la casa de Joaquín o de la fuente. Para mí, al menos, ver apersonas ancladas de por vida en el pueblo era reconfortante.
Cuando yo era niño, mi casa y la de los Monge eran vecinas. Recuerdo a la tía Resurrección, delgadita, pero fuerte, siempre de luto. Sus hijos altos y fuertes, y su hija María, llena de vida y de juventud. Eran otros tiempos, entonces Godojos bullía de vida. Años después llegaría la diáspora, poco a poco nos fuimos yendo del pueblo. José  y su mujer permanecieron en él.
Ayer recibió la despedida de muchos de sus vecinos y de cantidad de amigos de sus hijas y de los pueblos vecinos. Las puertas de la Iglesia se abrieron de par en par para recibir su cadáver. La iglesia donde fue bautizado, donde recibió la primera comunión, donde se casó y donde bautizó a sus hijas. Lo mismo que la Iglesia de su pueblo lo recibió con las puertas abiertas, lo habrá recibido Dios Misericordioso con los brazos acogedores.
Las campanas tañían llenas de tristeza con el toque de difuntos. Jesús Borque cumplía su promesa de tocarlas en su entierro. Jesús me contaba en el viaje, que José, no hace mucho, le había invitado a una cerveza y le había pedido que cuando falleciese tocase las campanas. Se cumplió su deseo.
En la iglesia, llorosa, estaba toda su familia. Sus hijas y yernos, sus nietos, su hermana María con su familia y su hermano Jesús con sus hijos. La misa fue emotiva. Recordando mi infancia eché de menos el catafalco que poníamos los monaguillos en el centro de la iglesia y las cadencias de los cantos gregoriano que cantaban mi padre, Cipriano, Germán, José, el tío Monge… Esa secuencia con el “Recordare Jesu Pie”… que te ponía la carne de gallina. En compensación varias señoras cantaron cánticos religiosos muy entonados y llenos de mensaje. Olga leyó sendas cartas, muy cariñosas y emotivas, de un nieto y una nieta.
Subimos al cementerio, acompañados siempre del triste tañido de las campanas. Allí lo colocaron en el panteón familiar junto a su esposa. El sacerdote rezó un responso y todos nos despedimos. Que  el matrimonio descanse en paz y disfrute de  felicidad en la vida eterna por siempre.
Zaragoza, 28 de febrero de 2015

CARLOS ALDA

miércoles, 11 de febrero de 2015

OFICIOS EN GODOJOS

La despoblación del mundo rural, sobre todo en Aragón es una realidad. Cuando yo era niño en Godojos éramos alrededor de quinientos habitantes. Hubo épocas, que hasta las casa más pobres y abandonadas estaban habitadas por emigrantes, que se establecían temporalmente en Godojos. Aparte de la dedicación casi total a las labores agrícolas en el pueblo había otros oficios, que voy a intentar resumir brevemente.
En los años cincuenta Godojos tuvo SACERDOTE, MÉDICO, MAESTRO Y MAESTRA Y SECRETARIO  que eran funcionarios públicos desempeñados por personas que no eran del pueblo.                   
SACERDOTES conocí a Mosén SALVADOR  y a Mosén FÉLIX. 
MÉDICOS: Don FELIPE Y don ENRIQUE. Este último se casó con Laurita, moza del pueblo.
MAESTROS Y MAESTRAS: Don PATRICIO y doña Agustina, matrimonio pedagógico. Don CAYO y doña CARMEN, que se casó con mi tío Pablo. Don CELESTINO Y don FRANCISCO.
SECRETARIO: don Gil  y JESÚS JAVAL,  que se casó con Elena, moza del pueblo.
JUEZ DE PAZ: Yo conocí como tal al tío Monge. Su misión era juzgar litigios entre vecinos y procurar que todos llegasen a un acuerdo amigable.
GUARDIA: Se preocupaba de vigilar los campos para que nadie robara lo que pertenecía a otros. Llevaba cruzada al pecho una correa con una placa donde se indicaba su cargo. En el verano, hasta después de las vendimias, había dos guardias que vigilaban todo el término.
AGUACIL Y PREGONERO: Fue el tío Federico, que era hermano de mi abuela. Heredó el cargo su hijo Domingo. Recuerdo que llevaban gorra de plato en algunas ocasiones y que tocaban una corneta antes de recitar el pregón que siempre empezaba: “De Orden del  señor Alcalde se hace saber…”. También anunciaban la venta de sardinas o de otras cosas.
MEDIDORES: solían ser dos y se encargaban de medir el vino, mediante la cántara, cuando venían a cargar los camiones  o castellanos bajaban de  Soria o  de Guadalajara con sus caballerías y su buena merienda a comprarlo. Una vez que estuvo mi padre hospitalizado, coincidimos con una familia de Gómara, Soria, y al decirle el pueblo de donde éramos nos recitó el refrán: “ El pan con ojos, el queso sin ojos y el vino de Godojos”. Se lo había enseñado su padre, que bajaba a nuestro pueblo a comprar vino todos los años.
FORJADOR: En Godojos tuvimos la suerte de tener como vecino,durante un tiempo, a Pablo Remacha, auténtico artista en la forja del hierro.
En Aragón se le reconoce como uno de los artesanos más importantes del siglo pasado.Su hija Anita se caso con el locutor Paco Ortiz. Su hijo Paco Ortiz Remacha sigue como locutor.

HERRERO: Este empleo era muy importante en Godojos. En aquella época había muchas caballerías: mulas, machos, algún caballo y alguna yegua y varios burros. Había que calzarlos con herraduras. Recuerdo cómo mi tío José Luis alisaba el casco de las caballerías y después les clavaba las herraduras sacando las puntas de los clavos por el casco sin dañarlas. El herrero también aguzaba los barrones, las reja, y las orejeras de los arados o “aladros” que decíamos en Godojos. También aguzaba las diversas azadas que se empleaban en el campo. El herrero fue mi tío José Luis y una vez que estuvo enfermo le sustituyó uno de Alhama al que llamábamos herrerillo.
CARPINTERO: El tío Bernabé tuvo un tiempo una carpintería. Recuerdo que hizo las tarimas sobre las que se apoyaba el “MONUMENTO” en Semana Santa.
LUCERO: el lucero tenía que subir todas las tardes a conectar la luz al trasformador que había en el castillo y a desconectarla todas las mañanas al hacerse de día. El cargo de lucero y electricista lo tuvo siempre el tío Cesáreo. Era un hombre bueno y también buen bebedor. Cuando se enfadaba amenazaba: “Mira que te corto la corriente”…
EL MATACHÍN: Este era un trabajo temporal, duraba desde san Martín, por aquel refrán que dice: “A cada cerdo le llega su san Martín”, hasta después de san Antón. Yo conocí de matachines al tío José Cebolla, a Heraclio Monge,Tomas Valero y al tío Cipriano Borque. Todos lo hacían muy bien en esas mañanas frías de invierno, en las que se sobrevivía gracias a las copillas de cazalla y a las calorías que nos proporcionaba el almuerzo con las degolladuras del cerdo.
CABRERO: En el pueblo casi todas las familias teníamos una cabra, que nos daba leche con la que desayunábamos por la mañana. También nos daba uno o dos cabritillos al año, que criábamos en casa y que el día que los matábamos, aunque nos hacía mucho duelo y lástima, era una pequeña fiesta. Recuerdo lo buenos que nos sabían los calostros, que era la leche que se le sacaba a la cabra recién parida. Bueno, pues una persona del pueblo, casi siempre un chico joven, cuidaba a todas estas cabras. Por la mañanita tocaba un cuerno y de todas las casas salían las cabras que se agrupaban en una zona que llamábamos las “escuelas viejas”. Si alguna vez nos distraíamos las teníamos que llevar hasta allí. Al atardecer volvían al pueblo y cada cabra se dirigía a su casa sin confundirse.
PASTORES: En el pueblo había varios rebaños que cuidaban los pastores. Su vida era muy sacrificada, no tenían fiesta casi ningún día del año. Yo me recuerdo el tío Cipriano, pastor, padre de Luis, que era cofrade de san Lamberto, lo que disfrutaba ese día y lo bien que hacía bailar al pendón de la cofradía.
CARNICERO: EL TÍO Antonio y la tía Nicolasa tenían carnicería, porque tenían rebaño de ovejas. Nos vendían las chuletas para asar en la bodega y también la asadurilla para freírla en la sartén. El tío Valero también tuvo carnicería. PESCADERÍA nunca hubo en Godojos. A veces venían de Alhama o de Ateca, con una moto o con una caballería a vendernos sardinas. Eran muy apreciadas las sardinas de pico
                                             
PANADERO: Por  aquel tiempo solamente funcionaba el horno de mi abuela, pero hubo otros hornos en Godojos. Aparte de hacer el pan para venderlo, casi todas las familias llevaban los panes que habían amasado en sus artesas para cocerlo en el horno. Las mujeres hacían una señal en sus redondos panes para no confundirlos con otros. En el horno además se cocían las madalenas y los mantecados que se preparaban para las fiestas o para las bodas. Era muy típico hacer grandes tortas con aceite y azúcar para el chocolate de las bodas o para las quintas de los mozos. También se cocían para la merendilla las molletas y las “culecas” rellenas de ricos productos de la matacía. En época de racionamiento recuerdo que se cocía pan de centeno, que era más oscuro que el de trigo, le llamábamos pan negro.
TENDEROS: Dos tiendas había en Godojos, la de mi abuela y la de la tía Inocencia, eran pues las tenderas del pueblo.
LECHERO: El tío Torres compró dos vacas y vendía la leche a quien quería comprarla, si es que no tenía cabra o ésta daba poca leche.
 CRIADOS Y CRIADAS: En las casa de los ricos, como tenían mucha hacienda y generalmente pocas ganas de trabajar, solía haber uno o dos criados y una o dos criadas. Algunos eran del pueblo pero otros y otras eran forasteros o forasteras. Muchos se casarón con chicos o chicas del pueblo.
Ya veis que en Godojos había de todo. Su economía era de subsistencia, pero gracias a los cerdos, a las gallinas, a los conejos, a las cabras, al trigo que recogíamos y al vino que producían nuestras viñas vivíamos bien. Cuando necesitábamos ropa o zapatos, íbamos a Calatayud. Allí comprábamos de todo.
Saludos especiales a Vicente Cebolla Sabroso, que está en Lejona(Vizcaya) y disfruta cuando su hija le lee estos recuerdos de Godojos.Le saluda Jesús Borque y demás amigos del pueblo.

ZARAGOZA 10 DE FEBRERO DE 2015.

CARLOS ALDA GÁLVEZ