miércoles, 24 de abril de 2013

ADIÓS A LIBRADA


Cuando los campos de Godojos rebrotan con la primavera. Cuando los trigos empiezan a encañar. cuando en las cepas salen los primeros brotes verdes, que pronto se convertirán en pámpanos. Cuando la florecillas silvestres llenan de colores y de diversos aromas las tierras de Godojos, quiso Dios llevarse a nuestra querida Librada. La última vez que estuve en Godojos, pude saludar a Librada y darle dos besos. A partir de ahora ya no nos encontraremos con su alta y serena presencia, ni con su sonrisa siempre amable y resignada, porque ya falleció.
Por un momento voy a volver a mis años de niño. Recuerdo a Librada cuando se hizo novia de Manuel, el hijo del tío Ramón Bernal, el posadero. Para mí, esa familia de la posada era muy querida. Creo que ellos también me querían mucho a mí. Librada, alta y poderosa, bajaba por agua a la fuente y subía a su casa, cerca del “Portón”, con un cántaro de agua en la cabeza, dos en las caderas y dos botijos en las manos. Nadie llevaba el cántaro en la cabeza como ella.
Manuel y librada formaron una familia sencilla. Manuel no era gran trabajador, pero sí muy mañoso. Librada era sufrida, trabajadora y cariñosa. Pronto tuvieron a Miguel Ángel y después a María Jesús, Ana Mary, Rafael y Montse. Con esfuerzo y sacrificio sacaron a sus hijos adelante. Vivieron en Godojos y Zaragoza, y Librada pasó grandes temporadas con su hijo Miguel Ángel en Málaga, donde él trabaja como catedrático en un instituto de la ciudad.
Pienso que Librada fue muy feliz en las temporadas que  pasó  en Andalucía. Allí, a parte del clima tan excelente que hace, conoció a las amistades de su hijo y pudo comprobar el gran aprecio que se le tiene entre sus alumnos, compañeros y amigos. De Málaga volvió con sus hijas a Godojos y a Zaragoza. Y en esta ciudad murió rodeada del cariño de sus hijos  y de sus ya crecidos nietos. Creo que en Godojos todo el mundo la apreciaba.
Descanse en paz esta mujer cariñosa, generosa, humilde, trabajadora, de sonrisa acogedora y resignada. Tu familia y los que desde niños te apreciábamos siempre te tendremos en nuestro recuerdo.
ZARAGOZA, 22 DE ABRIL DE 2013
CARLOS ALDA

NOTICIARIO DE GODOJOS


Muchas cosas han pasado desde lo último que escribí en la página de “Godojeños”.
Vino la Semana Santa  que estuvo bastante concurrida en Godojos, a pesar del mal tiempo.
Se celebraron los oficios, salió la procesión, se cantaron la “Horas del reloj”, se bebió rica y gustosa limonada, con sabor a limón y a canela y seguro que se comieron las comidas con sabor a congrio y a bacalao que tan bien se saben cocinar en Godojos para estos días.
Nuestro grupo se reunió para celebrar un nuevo almuerzo. Esta vez lo hicimos en mi bodega y lo alargamos a la comida. Estuvimos todos menos Juan, que tuvo otras obligaciones.
En el almuerzo nos enteramos que había fallecido Faustino el Polo, marido de Luisa. A ella y a sus hijos nuestras condolencias. También hablamos de la muerte de Pilar Gálvez, la última hija del tío Lorenzo de la plaza. También a sus sobrinos nuestras condolencias más sinceras.
Hoy es la víspera de san Jorge. Mañana muchos de Godojos os acercaréis a la ermita del santo para rezar y celebrar su fiesta. Yo sé que el bueno del Avelino, su santero y guardián, tendrá la iglesia en perfectas condiciones. ¡ojalá!  haga buen tiempo  y podáis disfrutar de la romería en lo alto del cerro de san Jorge, contemplando el verdor de los pinos, de los trigales y el colorido de los campos llenos de amapolas, margaritas y flores silvestres.. 
Las mujeres rurales de Godojos preparan su excursión a Valencia. He leído los proyectos para el viaje y me parecen estupendos. Valencia es una gran ciudad que merece la pena ser visitada. El paseo previsto por la Albufera es gratificante y muy original. Siempre les quedará un bonito recuerdo. Sé que habéis aplazado la excursión, pero no la suspendáis, ya que verdaderamente merece la pena.
Estamos a punto de estrenar el mes de mayo. ¡Cómo recuerdo de niño, la sorpresa que suponía al levantarte y encontrar el “Mayo” plantado en la plaza, frente a la bajada de la fuente! Entonces había mozos en Godojos que podían hacer todas esas cosas. En mayo también celebramos la fiesta de san Gregorio. Como buenos godojeños deberíamos pasar esos días en el pueblo y disfrutar todos juntos de las fiestas en buena armonía.
ZARAGOZA, 22 DE ABRIL, VÍSPERA DE SAN JORGE
CARLOS ALDA





miércoles, 27 de marzo de 2013

LAS CALLES DE GODOJOS



Godojos, para ser un pueblo pequeño tiene muchas calles. Desde chico me he preguntado por el nombre de algunas, no entendía, por ejemplo, que la calle principal tuviese el nombre de TEJÓN Y MARÍN. Se lo pregunté a mi padre y me dijo que ese señor debió ser un gobernador de Zaragoza.
CALLE DE TEJÓN Y MARÍN. Efectivamente DON JUAN TEJÓN Y MARÍN fue gobernador de Zaragoza entre los años 1907 y 1909.  Como coronel de ingenieros y porque sabía hablar francés, primero fue nombrado COMISARIO REGIO DE LA ESPOSICIÓN HISPANO FRANCESA, con motivo del primer  CENTENARIO DE LOS SITIOS, que se celebró en el año 1908, y después fue nombrado Gobernador Civil de Zaragoza.
¿Por qué  Godojos le dedicó su calle principal? La respuesta la encontré hace unos años en el periódico HERALDO DE ARAGÓN. En su sección:”Hace cien años” aparecía la noticia de que hubo en GODOJOS una pandemia, llámese peste o enfermedad contagiosa, que afectó a la mayor parte de los habitantes del pueblo. El gobernador entonces de Zaragoza, don Juan TEJÓN Y MARÍN, SE VOLCÓ TOTALMENTE CON GODOJOS y prestó toda su ayuda en servicios médicos, farmacéuticos y hospitalarios. Cuando pasó la enfermedad, el pueblo, en reconocimiento, le dedicó su calle principal y además colocó una placa metálica esmaltada, muy bien grabada, que es la que después de más de un siglo se conserva en dicha calle.
Este señor fue, además de gobernador en otras muchas ciudades, alcalde de Córdoba. Los cordobeses, al igual que los godojeños, también le dedicaron una calle. Si alguna vez vais a Córdoba, podréis visitar la calle TEJÓN Y MARÍN, dedicada al mismo personaje.
LA CALLE BAJERA todavía conserva el nombre en una baldosa. Es la calle que baja hacia la carretera y hacia las antiguas escuelas. Sin duda que es la calle más fría del pueblo. El cierzo se cuela por ella a toda velocidad y ulula cuando sopla muy fuerte al chocar con las esquinas. Al principio de la calle está la pared de la iglesia, formada por grandes piedras sillares. En frente, antes había un bar y ahora hay una casa rural. En esta calle vivía el señor cura, en la casa parroquial. Cuando yo era chico vivía también una pareja que eran los dos muy bajitos. Ella se llamaba Lucía y el Faustino, yo pensaba al  principio que eran matrimonio, pero después me enteré que sólo eran hermanos. Tenían mucha amistad con el cura Mosén Salvador, alias el Moreno, porque así tenía la tez, y con su casera la señora Juliana.
LA CALLE SAN MARTÍN es la calle que conduce hacia Santa Ana y el cementerio. Al principio se encuentra la ermita de nuestra patrona la Virgen de Esperanza. Antes era una calle empedrada. Cuando pasaban las caballerías, a veces saltaban chispas. Era una calle muy frecuentada, porque por allí se salía hacía la parte principal de los campos del pueblo.
SAN MARTÍN  era un santo muy popular, casi tanto como san Roque. Era un soldado francés y siendo catecúmeno, preparándose para recibir el bautismo, una tarde muy fría, cuando  viajaba en un brioso caballo, le salió al paso un pobre y harapiento mendigo aterido de frío. Entonces se quitó la capa, cogió su espada y la partió por la mitad para dársela al pobre. Cuenta la historia que después Jesús se apareció al obispo vestido con la media capa de Martín y le dijo: Esta es la capa con la que me ha vestido y socorrido el catecúmeno Martín.
CALLE ZOCODOVER. Esta calle tiene nombre árabe. Zoco significa mercado. Es probable que si en nuestro pueblo quedaron algunos habitantes musulmanes, viviesen en esta calle y se dedicasen a la industria casera y al comercio. Además es la calle más cercana al castillo y en la Edad Media muchos vivían junto a los castillos para recibir la protección de






los señores. En Toledo también hay una calle que se llama ZOCODOVER, y allí sí que vivieron multitud de musulmanes, antes y después de la Reconquista.
PLAZA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. Esta plaza se le dedicó al Sagrado Corazón de Jesús en la década de los cuarenta, cuando se instituyó en el pueblo su fiesta, a la que se dotó con un día de música. Los habitantes de Godojos siempre tuvimos mucha devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Su fiesta se celebraba con misa solemne y procesión por todo el pueblo. Después también  nos divertíamos  de lo lindo tomando vermut, comiendo opíparamente y bailando en la plaza al medio día, por la tarde y por la noche, así como la víspera. A pesar de que la fiesta caía en plena temporada de siega, todo el mundo la guardaba, y sobre todo, la gente joven la esperaba con auténticas ansias para divertirse.
CALLE O PLAZA DE LAS CUATRO ESQUINAS. “Plaza de la cuatro esquinas/ cuantas veces te he rondado,/ y las que te rondaré/ si no me llevan soldado”. Así cantaba una jota que se cantaba en todas las rondas al llegar a ella. Es una plaza agradable. Cuando yo era niño había una gran acacia en el centro.
CALLE DEL HORNO. Se llama así, porque hace muchos años el horno estaba allí. Es una calle estrecha y que conduce a la parte alta del pueblo donde, desde siempre, hay dos casas con muy buenas vistas y muy soleadas.
CALLE DE LAS HERAS. Es una calle muy empinada. Antes era casi un pequeño barranco. En las tormentas el agua bajaba desbocada por ella. En el centro de la calle, en un pequeño remanso o plazoleta, tenía su casa la tía Paca, que vivía con sus tres hijos, Goyo, Salvador y Tomasico.
CALLE DE LOS HUERTOS. Recibe este nombre porque en ella había varios huertos. Al principio de la calle hay dos casas, en mitad se ha construido otra, en el recodo estaba el matadero y una cochera donde hacíamos teatro. Ahora está en ella el flamante bar de Godojos. La obra más importante que se ha hecho en el pueblo en los últimos años. Hacia la plazoleta se halla el regachón, antes también había una vieja fábrica abandonada, donde también hacíamos teatro. Desemboca en la plazoleta desde la que arranca la carretera.
CALLE DE LOS CAMPOS. Une la plazoleta con el extremo final del pueblo y comunica con un terreno que se llama Los Campos.
CALLE DE LA SOLANA. Empieza de manera muy estrecha y con una curva en ángulo recto. Por este motivo no pueden pasar por allí los coches. A pesar de ser la zona más soleada del pueblo, actualmente está prácticamente abandonada. Es una pena. Allí nació y vivió de chico mi amigo Jesús Borque. Era la casa del tío Cipriano, una casa estupenda. Además tenía junto al corral una casa vieja, donde nuestros padres hacían riquísimo aguardiente, con el alambique de su amigo Toribio, en las vísperas de Navidad.

CALLE DE LA AMARGURA. Es la calle más pequeña del pueblo. Une la calle Los Huertos con la calle Bajera. Se llama así porque en su confluencia con la calle Los Huertos, en la procesión del  Jueves Santo, la Virgen Dolorosa y el apóstol san Juan se encuentran con Jesús que lleva la Cruz  sobre los hombros para ser crucificado. 
LA CALLE DEL ECO. Conduce hasta un paraje donde hay una gran piedra señalada con unas incisiones que semejan cruces. Desde ese lugar, si hablas en voz alta, tu voz choca contra la pared del castillo y vuelve en forma de eco de manera clara y nítida.
LA CALLE DEL CASTILLO. Desde la Cuatro Esquinas conduce al castillo. Pasa por una casa rural y por algunas bodegas.
Otras calles son la CALLE LA CULEBRA Y LA CALLE DE LAS BODEGAS.
ZARAGOZA 15 DE MARZO DE 2013
CARLOS ALDA  

jueves, 14 de marzo de 2013

AMIGOS DE GODOJOS



Hoy, día 13 del mes 3, del año 2013, hemos celebrado un nuevo almuerzo los AMIGOS DE GODOJOS, en el restaurante EMPERADOR. Invitaba mi tío, JOSÉ ALDA CEBOLLA, que el día 24 de febrero cumplió 82 años. Hemos disfrutado de un almuerzo completo en muy buena compañía. No faltaba ninguno del grupo que almorzamos ordinariamente. Paco, el marido de Dolores Cebolla, ha repartido las fotocopias de lo que se ha publicado últimamente en nuestra página de GODOJEÑOS. Todos hemos recordado los buenos momentos vividos y nos lo hemos pasado muy bien contemplando las fotografías de los eventos.
Hablando con unos y con otros ha salido la SEMANA SANTA y el lugar dónde la íbamos a pasar cada uno. Yo he vuelto la mirada atrás y me he recordado de la CUARESMA Y SEMANA SANTA de mi pueblo cuando era niño.
MIÉRCOLES DE CENIZA. Todos los escolares, acompañados del maestro y la maestra subíamos a la iglesia para que el sacerdote nos impusiera la ceniza. Recuerdo perfectamente la frase que el cura nos decía en latín: “Memento homo quia pulvis est, et in pulvis  te reverteris”. “Recuerda hombre que eres polvo y que en polvo te has de convertir”. La frase impresionaba un poco, aunque como niños veíamos la muerte muy lejana.
VIERNES DE CUARESMA. La tarde de los viernes, vuelta a la iglesia, junto con los maestros para asistir al VIACRUCIS. Un monaguillo llevaba un gran crucifijo y acompañábamos al sacerdote por la iglesia rezando las catorce estaciones. Para nosotros la tercera estación, la séptima y la novena eran las más interesantes. Estas estaciones representan las tres caídas de Jesús y todos nos echábamos cuerpo a tierra, con gran estrépito, para besar el suelo. Como siempre se rezaba el mismo viacrucis nos lo sabíamos de memoria.
DOMINGO DE RAMOS. Santa misa, bendición de los ramos de olivo y procesión por la plaza del pueblo. En Godojos había pocos olivos, creo que no había otros que unos muy grandes que tenía el tío Perico Castejón en una finca. El ramo de olivo lo colgábamos en el balcón de la casa y allí permanecía de año en año.
LUNES, MARTES Y MIÉRCOLES SANTO. En estos días asistíamos todos los chicos a los maitines. Se celebraban l por la tarde. Yo recuerdo que mi padre venía antes del campo para cantarlos con el cura. Se sacaba un lucernario un tanto desvencijado, que  estaba formado por un pie bastante firme y un triángulo en el que estaban puestas 15 velas. Según se cantaban los salmos se iban apagando previo aviso dado por el sacerdote que golpeaba el libro de cánticos para que el monaguillo apagase las velas de una en una. Al final, cuando ya no quedaba ninguna vela, venían las tinieblas y los chicos tocábamos los mazos y carracas con todas nuestras fuerzas. Además para hacer más ruido pateábamos la tarima con lo que el estruendo era infernal y la polvareda que se levantaba considerable. Este rito debe ser típico de Aragón. Ramón J. Sénder, en uno de sus libros donde cuenta sus experiencias de niño en su pueblo de Chalamera, narra un episodio semejante, aunque allí le llamaban “matar a los judíos”. En nuestro pueblo lo que representaba era el terremoto y las tinieblas que sucedieron a la muerte de Jesús.   
JUEVES SANTO. Era una fiesta muy importante. Después de la misa se entronizaba el SANTÍSMO en el monumento, previamente adornado por las MOZAS DE SEÑOR con macetas llenas de brotes amarillos de lentejas germinadas  y con velas que iluminaban el recinto. Los CENTURIONES Hacían guardia y los fieles del pueblo visitaban de continuo el monumento rezando las oraciones pertinente, que se llamaba estación. Por la noche también se hacía guardia y se acompañaba toda la noche al Santísimo. Entre visita y visita se celebraban reuniones en las casa y se bebía abundante LIMONADA, también se comían pastas horneadas días antes para el efecto.
El momento más esperado era la procesión de la tarde en la que se cantaba el miserere y los tres capuchinos llevaban la cruz de Jesús por todo el pueblo, acompañados de los dos ángeles que cantaban una canción muy bonita relacionada con los últimos momentos de la vida de Jesús. Emocionante era el encuentro de Jesús con la Virgen Dolorosa y San Juan, que tenía lugar en la calle de La Amargura. Para los chicos era el momento cumbre de la procesión, porque ya desde allí veíamos la ventana del tío Federico iluminada con dos farolillos y la figura de su mujer, más blanca que la nieve, que era el único momento que se dejaba ver en el año.
De vuelta en la Iglesia se cantaban, con mucha devoción, las HORAS DEL RELOJ, que narran la Pasión de Jesús.
VIERNES SANTO. Por la mañana se rezaba el viacrucis por el cementerio. Después en la iglesia el sacerdote pronunciaba el sermón de “LA BOFETADA”. Se seguía visitando al Santísimo en el monumento. También se recorrían las casas bebiendo limonada. Pero ya no se comían tortas. En Godojos se decía que el Viernes Santo ayunaban hasta los pájaros. Como se bebía mucha limonada y no se comía para empaparla la gente estaba un tanto colocada. A medio día había que ir a escuchar el sermón de “LAS SIETE PALABRAS”. Por la tarde se tenían los oficios y la procesión del SANTO ENTIERRO, con una representación muy teatral en la plaza.
SÁBADO DE GLORIA. La misa de resurrección se celebraba por la mañana, no como ahora que se hace por la noche. Se bendecía el agua para la pila bautismal, se encendía el cirio pascual, y se cantaba el “Regina Coelli Laetare, aleluia”. Los monaguillos cogíamos agua bendita en los calderillos o acetres e íbamos de casa en casa cantando el Regina Coelli y bendiciendo las estancias de las mismas. La gente nos daba huevos, patatas, otros alimentos y algunas pesetillas para celebrar una buena merienda.
Así pasábamos los días de Semana Santa. Testifico que la gente asistía a todos los sermones y oficios con mucha devoción.
En casa se guardaba el ayuno y  la astinencia. Las comidas típicas de estos días eran los garbanzos con congrio, los huevos tontos y el bacalao con salsa blanca y huevos escalfados.
ZARAGOZA, 13 DE MARZO DE 2013.
CARLOS ALDA



lunes, 25 de febrero de 2013

ALMUERZO DE FEBRERO


Un nuevo almuerzo celebramos a mitad de febrero. Asistimos todos  menos el amigo Roque que está aprendiendo a manejar el ordenador y tenía clase a esas horas. Nos recordamos especialmente de ALFONSO CEBOLLA, nuestro amigo y asiduo asistente a los almuerzos. Lo añoramos y brindamos por él, convencidos de que desde arriba nos vería y disfrutaría recordando los muchos almuerzos en los que él participó. Invitó Ángel Ramos, mi cuñado. El lugar de la celebración fue el de siempre, el restaurante – bar, EMPERADOR. Nos trataron muy bien. Unos platitos con morcillas y otros con longanizas para abrir boca. Después los consabidos huevos fritos con jamón o panceta y con riquísimas patatas fritas, de las que ya no se hacen. Por supuesto sacaron un buen vino tinto y al final nuestros cafés, copas o chupitos de orujo. Terminamos la mañana jugando al guiñote.

Hablamos de muchas cosas. Salió a relucir la reciente meriendilla celebrada en Godojos el día de SÁBADO OVERO. Todos nos recordábamos de las molletas y buñuelos que nuestras madres nos preparaban. También salieron a relucir esas CLUECAS que se cocían en el horno rellenas de dos huevos duros, los tallos de longaniza, las magras y las costillas de cerdo.

Alguno recordó que aunque el tiempo fuese malo y extremadamente frío no perdonábamos la meriendilla por nada del mundo. En Godojos se pasaba mucho frío en invierno. La verdad es que lo combatíamos de la mejor manera posible. ¡Como se agradecía que por las noches se calentasen las camas con los calentadores! ¡Qué buenas sabían las sábanas calentitas! Y que frías estaban si no quedaban brasas para que el calentador les quitase el frío. También se calentaba agua que se metía en botellas, a veces ladrillos que tomaban calor en contacto con la plancha del hogar. Aún así los sabañones hacían su aparición en las manos, en los pies y en las orejas. ¡Qué puñeteros eran y cómo picaban!

En las escuelas encendíamos las estufas siempre que el Ayuntamiento nos comprara serrín, que recuerdo se guardaba en el matadero. Un año que no había serrín, el maestro de turno, llamado don Francisco, nos pidió que bajásemos todas las suelas que tuviésemos de alpargatas o sandalias. Ardían en la estufa que era un placer y calentaban muchísimo. Olía a goma, pero ese olor era fácilmente  soportable. Las chicas se bajaban las rejillas con brasa y así tenían calentitos los pies.

Alegra recordar estos tiempos y estas privaciones. Doy fe que no por eso perdíamos la alegría ni las ganas de jugar. Con pocas cosas éramos felices en el pueblo, tal vez porque nos conformábamos con lo que teníamos y con el cariño de nuestras familias y de nuestros amigos. Hoy para ser felices necesitamos muchas cosas y a veces no lo somos  porque no recibimos el cariño y las atenciones de aquellos que deben querernos.

CARLOS ALDA.

ZARAGOZA 22 DE FEBRERO DE 2013  

jueves, 14 de febrero de 2013

SÁBADO DÍA 9 DE FEBRERO, LA MERIENDILLA. SÁBADO OVERO





SÁBADO DÍA 9 DE FEBRERO, LA MERIENDILLA. SÁBADO OVERO 
Por fin llegó el día de la meriendilla. Todo presagiaba que no íbamos a poder celebrarla en la cueva de san Jorge, pero en pocas horas el tiempo cambió. Brilló el sol con fuerza, el viento amainó y los que llegamos a la cueva tapados hasta las cejas, dejamos las bufandas y tabardos en un rincón y disfrutamos de unas horas de buen tiempo.
La cueva estaba acogedora. Habían preparado dos cómodas  mesas con manteles de papel, sobre los que pusimos nuestras tradicionales molletas rellenas de sabrosas costillas, chorizos, longanizas y magras en adobo además de una redonda tortilla de patata. No faltaron los aperitivos para compartir ni  el sabroso tinto en botella o en bota. El buen humor y la alegría nos contagiaron a todos.
En un rincón de la cueva, en previsión de que podía hacer frío, se encendió una hermosa hoguera. No la necesitamos para calentarnos, pero sirvió para perfumar el ambiente, ya que se quemó leña de romero y para asar unas láminas de rica papada que trajo Salva desde Zaragoza.
En los postres se pasaron por las mesas lo más típico de la meriendilla: LOS BUÑUELOS. ¡Qué apetitosos estaban! Redondos, tostaditos, huecos por dentro, como debe ser, endulzados con azúcar, con polvos dulces o con miel. Otros rellenos con diversas mermeladas o cremas. Los hombres nos sentíamos agradecidos a las manos de las mujeres, que todavía saben hacer dulces tan sabrosos, como los hacían nuestras madres antaño.
Tal vez por miedo a los pronósticos de mal tiempo, no estuvimos tantos como otras veces en la cueva pero aún así participamos un grupo numeroso, alegre y muy unido. Elena y Carlos trajeron a sus hermanos y hermanas de Madrid. María y Domingo también subieron a la cueva. Puri y su marido Bienve estaban. Pili, Santiago, su hermano y su hijo comieron también la meriendilla. Fermín y Toñete dominaban el extremo de la mesa. Juan, Paula, Borque, Conchita, Salva, José Luis  y un servidor completábamos el grupo.
Se tomó café, y se saborearon copas de diversos destilados, predominaba el orujo. En este momento fue cuando Carlos Galindo cogió su guitarra y la emprendió. Al principio cantamos todos sencillas canciones populares y conocidas, después tocó el turno de cantar la Albada, de Labordeta y corridos mejicanos y ahí entraron de lleno Santiago y José Luis, quienes se manifestaron grandes cantautores de fuertes y sonoros vozarrones que nos acompañaron en la cueva y también en el bar durante toda la tarde.
Terminamos el día en el bar, bebiendo, cantando y jugando al guiñote. Fue un día muy completo. Hasta el año que viene.
ZARAGOZA 12 DE FEBRERO DE 2012. CARLOS ALDA

jueves, 7 de febrero de 2013

INVIERNO EN GODOJOS


Los inviernos eran duros en Godojos. Todos los años solían caer grandes nevadas, que hacían difícil la circulación por las calles. Recuerdo haber visto a mi padre y a otros hombres retirar la nieve con palas para abrir caminos hacia la fuente o hacia la iglesia. Los tejados se llenaban de chorlitos o carámbanos que colgaban como puñales amenazadores. Los pobres gorriones se acercaban hasta los gallineros intentando conseguir algunos granos de alimento. Por las mañanas los hombres se refugiaban en la posada del  Tío  Ramón o tomaban el sol, si es que lo había, en lugares protegidos del aire y por las tardes se llenaba el bar de personas que jugaban a las cartas y fumaban sin parar. Las mujeres permanecían en las casas calentitas junto a los braseros, cosiendo, jugando a las cartas o en amigable conversación con las amigas o familiares.
La vida en Godojos era muy sencilla. Gracias a que se había matado el cerdo había comida abundante y la grasa necesaria para apañar los cocidos, las patatas o los diferentes guisos que entonces se hacían. Se comían las morcillas y las ricas tajadillas de papada o de la cinta que sabían a gloria. El corral estaba abarrotado de sarmientos, que se habían recogido después de la poda, pasando mucho frío al sarmentarlos. Entre las aliagas, los sarmientos y tal vez alguna cepa se mantenía caliente el hogar y la cocina, lugar donde se hacía la vida.
No faltaban los huevos, pues todo el mundo tenía sus gallinas en el corral, ni la leche para desayunar  por las mañanas, pues la madre ordeñaba la cabra dos veces. También teníamos los cabritillos a los que habíamos cuidado con mimo y con cariño. Cuando nacieron disfrutamos de los sabrosos calostros y cuando ya eran mayores los sacrificábamos con gran pena.
Las fiestas en invierno eran pocas pero muy celebradas: San Antón, san Sebastián, la candelaria y san Blas. San Blas en Godojos era punto y aparte. Ya conté el año pasado como se hacía. El gallo que colgábamos en la plaza, nos alegraba el día a todos. Recuerdo que en cierta ocasión  vimos venir al Goyo con tres pollos, dos capones y un gallo. Los había ganado en una carrera de las que se hacían en los pueblos. Ese año le compramos a la tía Paca el gallo que había ganado el Goyo, que era muy hermoso y con una cresta muy roja. San Blas era una fiesta entrañable y poética a la vez. Los vates del pueblo componían versos y rimaban canciones contando las andanzas del gallo por las casa del pueblo.
Otras fiestas de invierno eran LAS MERIENDILLAS que se celebraban el JUEVES LARDERO Y EL SÁBADO OVERO, donde aparte de comer la molleta con el palmo de longaniza y las magras de lomo, o la clueca con los huevos duros y las cosas buenas del cerdo. Además esos días comíamos los buñuelos, huecos, sabrosos, endulzados con azúcar o con miel. Las cuevas de san Jorge eran nuestros refugios esos días. Actualmente aún celebramos en Godojos la merienda del sábado overo.
Después de las merendillas venía el miércoles de ceniza y el inicio de la cuaresma. Los maestros nos subían  a la iglesia para que nos impusieran la ceniza y nos recordaran que somos polvo y que en polvo nos tenemos que convertir. También nos subían a la iglesia el viernes por la tarde para hacer el “VIACRUCIS”, así que nos sabíamos de memoria lo que se rezaba en cada estación.
Después de la cuaresma terminaba el invierno y llegaba la primavera. Con el buen tiempo también la vida mejoraba en Godojos.
CARLOS ALDA
ZARAGOZA 7 DE FEBRERO DE 2013