miércoles, 2 de diciembre de 2015

DICIEMBRE EN GODOJOS



El mes de diciembre en Godojos era un mes amable. Las labores en el campo disminuían por el mal tiempo. La siembra ya se había realizado o se estaba realizando y la poda todavía no se había empezado. Encima había unas cuantas fiestas religiosas, que en Gosdojos se celebraban con verdadera solemnidad.

LA INMACULADA CONCEPCIÓN, que era el día ocho de diciembre, tenía solemnidad especial. Muy de madrugada, algunos hombres, sin temer al frío, salían por las calles a cantar “LA AURORA”. Si tenía la suerte de despertarme y oír esos cánticos, arrebullado entre sábanas y mantas, sentía un gran gozo. Las melodías eran sencillas pero cadenciosas y llenas de sentimientos. Apenas se hacía de día, salíamos para rezar y cantar por todas las calles el “Rosario de la Aurora”. Los monaguillos llevábamos los faroles y otras personas el estandarte de la Virgen. Las manos se nos quedaban heladas. A las diez en la Iglesia tenía lugar la misa solemne cantada. Ya me gustaría a mí oír ahora una de esas misas cantada por mi padre, Ildefonso, por Cipriano, por José, por Germán, por el tío Monge y por otros muchos…

SANTA LUCÍA. La celebrábamos el día 13. En medio de la plaza hacíamos una gran hoguera. Los chicos de la escuela íbamos por todas las casa pidiendo gavillas de sarmientos o fajos de aliagas. Esa tarde teníamos vacación. Cuando se consumía el fuego asábamos patatas. Que buenas que nos sabían. Algunos años nos juntamos varios del pueblo, en bares que asan patatas y nos comemos alguna, acompañada de buenos tragos de vino, para recordar lo que de niños vivimos en el pueblo.
LA VIRGEN DE ESPERANZA.

 Se celebraba el día 18. Nueve días antes se hacía la novena en la ermita de la Virgen. Asistía casi todo el pueblo. Al terminar se cantaban los gozos de la novena y el himno a la Virgen de Esperanza. Recuerdo algunas frases, mis padres se lo sabían entero. “Pues vuestro poder alcanza, cuanto de Dios esperamos, Madre, de Dios, de Esperanza”. La víspera hacían los mozos una hoguera cerca de la puerta de la ermita. El día de la fiesta volvía a cantarse “La Aurora” y salíamos por las calles a cantar y rezar el rosario. La misa se celebraba en la ermita de la Virgen.  Después de la misa, en el ayuntamiento, las autoridades tomaban unas copillas de anís o de moscatel y saboreaban los primeros turrones. A los monaguillos nos daban una barrila de guirlache, que nos sabía a gloria.
Ahora se hace una gran hoguera la víspera, en la bajada a la fuente, y se asan chorizos, morcillas, longanizas y carne. Los que se deciden a pasar esa noche en Godojos disfrutan de lo lindo. Recuerdo hace años, cuando vivía Paulino García, nos invitaba a todos a su bodega. Él traía turrones y comida abundante para todo aquel que se acercase por allí. El día de la fiesta el Ayuntamiento invita a todos a un ágape estupendo en el salón del pueblo
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Nunca se había sacado en procesión a la Virgen de Esperanza. Hace unos años Jesús Monge compró una peana y desde entonces se le pasea por el pueblo. Muchos disfrutamos llevando la peana de la Virgen.

Desde estas líneas animo a todos a participar de esta fiesta tan nuestra y por lo mismo tan entrañable.
LAS NAVIDADES. Las Navidades en Godojos eran muy alegres. Se cantaban villancicos. Se comía en familia y se iba a la misa del Gallo llenos de alegría. Además, quien más, quien menos ya había matado el primer cerdo y se comía mejor y más abundantemente.

ZARAGOZA UNO DE DICIEMBRE DE 2015.
CARLOS ALDA


ADIÓS A ISABEL BERBEGAL CASTEJÓN (“LA ISABELILLA”)

El último sábado de noviembre despedimos en Calatayud a Isabel. Isabel llevaba ya años perdida en el mundo de la desmemoria. Me consta que sus hijas, su hijo y su marido, mi querido primo Manuel, la cuidaron con mimo hasta el último momento.
En su misa funeral y entierro estuvimos varias personas del pueblo para darle el último adiós y rezar por ella. Pero sobre todo estaban sus hijas: Esperanza, Asunción, Clarita, Manuela, su hijo Manuel, su marido y sus nietos y nietas llenos de emoción y de pena por la desaparición de alguien tan querido para ellos. También estaban otros familiares: Luis, su hermano, con su familia y los hijos de mi primo José, Hermano de Manuel.
Yo de Isabel no tengo más que buenos recuerdos. Era una moza alegre, trabajadora, dispuesta. Trabajó en casa de mi abuela en el horno y hay que ver cómo la querían todas las mujeres que venían a hacer pan, por lo competente, cariñosa  y servicial que era.
La familia de Isabel era una familia querida en el pueblo. Me recuerdo de su padre, Cipriano, de su madre, Manolica, de sus hermanos, Mariano, Paco, Benedicto, Carmela y Luis
 Isabel se casó con mi primo Manuel. Creo que de recién casados vivieron en una casa que tenían mis padres en las Cuatro Esquinas, que fue casa de mi abuelo “Royo”, abuelo también de Manuel. En aquel tiempo, Godojos estaba en su máxima población, y no quedaba una sola casa libre. La pareja tuvo rápidamente varias hijas y un hijo a quienes cuidaron con cariño y esmero.
 Años después, el  matrimonio se trasladó a vivir a Calatayud, donde Isabel fue muy querida por todos los que tuvieron relación con ella. Allí crecieron sus hijos y consiguieron hacerse un buen porvenir. Aún vivía mi tío Emilio, padre de Manuel, cuando estuve viéndolo en su casa de Calatayud. Isabel me trató con todo el cariño del mundo. Lástima que la vida nos haya llevado a cada uno por distintos sitios y no hayamos podido, sus amigos y su familia de Godojos, disfrutar más de sus atenciones y de su amabilidad.   
Cada día me cuesta más despedir a los que fallecen de Godojos, los echo a todos mucho de menos y si estos son familia, como en el caso de Isabel, más que más. Desde estas líneas pido una oración y un recuerdo para ella y mando a mi primo Manuel, a su hijo, a sus hijas y a sus nietos y nietas un gran abrazo.
ZARAGOZA UNO DE Diciembre de 2015

CARLOS ALDA GÁLVEZ

jueves, 12 de noviembre de 2015

PRIMER ALMUERZO DEL CURSO 2015- 2016

En el restaurante Candelas, del barrio de Las Fuentes, hemos celebrado hoy, día 11 de  noviembre, festividad de san Martín, el primer almuerzo del curso. El día de san Martín es una fecha importante en el calendario de otoño. Por una parte está el  “veranillo de san Martín”, aunque este año no lo disfrutamos en el valle del Ebro debido a las fuertes nieblas. Por otra está el dicho: “A cada cerdo le llega su san Martín” esto indica que las matanzas del tocino están ya próximas. Que importante eran los cerdos en Godojos. Gracias a ellos no pasábamos hambre.
Para celebrar bien estas fechas hemos empezado el almuerzo saboreando unos torreznillos  y unas morcillitas fritas, que estaban buenísimas. Después hemos continuado con lo de siempre: el par de huevos fritos con jamón o con longaniza. Todos hemos dado cuenta de ello con buen apetito y hemos disfrutado bebiendo un buen vino de la tierra.
En este primer almuerzo hemos recordado con cariño y con añoranza a nuestro tío José Alda, que falleció hace pocos días. Él gozaba como nadie de estas reuniones. Primero porque era muy cariñoso y familiar y le encantaba estar con todos nosotros. Segundo porque disfrutaba como nadie degustando las buenas viandas con las que nos maltratamos en estas ocasiones.
Hoy invitaba Paco Bosque, marido de Dolores Cebolla y hemos participado Roque, Jesús Borque, su cuñado Juan, mi hermano Alfonso, Ángel Ramos mi cuñado y un servidor. Máximo Nieto no ha podido estar porque todavía no ha realizado todas las labores en el pueblo. La realidad es que de los participantes en estos tradicionales almuerzos ya nos han dejado cinco, porque  han pasado a la otra orilla. También nos abandonó Joaquín, no porque se le haya pasado el apetito y las ganas de acompañarnos, sino porque ya se siente un poco mayor. Desde estas líneas hago un llamamiento a los jubilados, amigos o simpatizantes con esta peña de Godojos, para que se apunten y participen en estos sustanciosos almuerzos.
Hemos terminado el almuerzo tomando nuestros cafés y copas correspondientes y unos bombones y varitas de turrón con los que nos ha obsequiado Paco. Después aún nos ha dado tiempo para jugar una partida de guiñote y poner una cuota para jugar a la primitiva en recuerdo de nuestro tío José que siempre nos animaba a hacerlo.
Ha sido una mañana estupenda. La amistad es uno de los mayores valores de la vida.
CARLOS ALDA
ZARAGOZA, 11 DE NOVIEMBRE DE 2015


sábado, 31 de octubre de 2015

ADIÓS A JOSÉ ALDA (MI TÍO)

Al escribir este adiós, hoy me siento doblemente triste. Primero porque despido a uno de Godojos. Segundo porque aquel a quien despido era tío carnal mío.
José Alda Cebolla nació en Godojos hace ochenta y cuatro años. Fue el último hijo de mi abuela Petra y de mi abuelo José. Hermano de mi padre Ildefonso, de mis tías Marcela, Lucila, Prudencia y de mis tíos Eduardo y Pablo. José nació cuando mi padre ya tenía veinte años. Era el pequeño de la familia. Con su muerte hemos perdido al último representante que nos unía a todos los Aldas de la familia.
José vivió en Godojos hasta la muerte de mi abuela Petra en el año 1954. Después se trasladó a Zaragoza, donde en sociedad con su hermano Pablo regentaron hasta su jubilación una tienda de ultramarinos. Se casó con la tía Maruja, que procedía de Nuévalos. De su matrimonio nacieron José Ignacio, Maricruz y María José, que juntamente con sus dos nietas Vero  y Arancha y su nieto Daniel hoy lloran su pérdida.
De joven José trabajaba despachando en la tienda y preparando el pan en el horno de Godojos. En el pueblo le llamaban “Joselillo” y era querido por su carácter abierto, servicial y amable. Uno de Godojos me ha mandado un correo diciendo que sentía mucho la muerte de “Joselillo”, o sea que aún se le recordaba con ese nombre.
El tío José para todos de nuestra familia era un referente. Le queríamos porque siempre estaba muy cercano a nosotros. Sabía nuestra fecha de cumpleaños y nunca se olvidaba de felicitarnos. Nos llamaba muchas veces por teléfono y siempre nos preguntaba por todos los miembros de nuestra familia. Si alguno caía enfermo o estaba ingresado se desvivía interesándose por su salud o subiendo a visitarlo. Se alegraba con  los éxitos logrados  por nosotros o por nuestros hijos y disfrutaba contemplando a la familia unida y viendo que teníamos un pasar confortable.
El tío José se emocionaba fácilmente. Era muy sensible. Le saltaban las lágrimas con facilidad. Tenía muy buenos sentimientos y era profundamente religioso. Conservó siempre la fe que le inculcaron de pequeño en Godojos. También se sentía patriota. Recuerdo una anécdota que por las circunstancias que vivimos en España viene al caso. Un domingo, en Miami Playa, fuimos a misa. El sacerdote que celebraba, muy catalanista, empleaba en la misa, casi continuamente, el catalán.  Al terminar el servicio religioso, el tío José no pudo contenerse y pasó a la sacristía a protestar y a afearle al sacerdote su manera de actuar, siendo que, la mayor parte de los que participábamos en la misa, éramos castellano parlantes. El sacerdote le contestó que él amaba mucho a su  lengua y a su patria. El tío le contestó que debería amar más a los fieles que participaban en la misa porque eran personas, que a su lengua y a su patria.
Un capítulo importante para nosotros era su participación en los almuerzos que celebramos un grupo de amigos de Godojos o allegados. El tío José disfrutaba como nadie de ellos. Primero porque se sentía muy a gusto rodeado por todos  y segundo porque sabía saborear los ricos alimentos como nadie. Él siempre decía: “el que come escapa”, y tenía razón. Mientras mantuvo ese buen apetito que le caracterizaba estuvo bien, cuando lo perdió cayó en picado. El miércoles pasado deberíamos haber celebrado el primer almuerzo de la temporada. Paco, el marido de Dolores, que era quien invitaba, al saber que el tío estaba malo lo suspendió. Sus hijas así se lo comunicaron y él se emocionó al conocer lo que el grupo había decidido. Ahora los tendremos que celebrar sin él. Ya nos han fallado unos cuantos. Joaquín por que se ha retirado de ellos y José Antonio, Jorge y Alfonso porque precedieron en este trance a mi tío.  
Nos ha dejado José pero queda entre nosotros su recuerdo y el cariño que siempre nos manifestó. No lo olvidaremos fácilmente. Además de su familia más cercana muchos lo añoraremos y le echaremos de menos. Descansa en paz, querido tío. Tengo fe y sé que donde has ido estarás estupendamente y que Dios, nuestro buen Padre del Cielo, te habrá recibido con los brazos abiertos. Descansa en paz.
CARLOS ALDA

ZARAGOZA 31 DE OCTUBRE DE 2015

martes, 22 de septiembre de 2015

ASOCIACIÓN DE MUJERES RURALES DE GODOJOS


Hace unos pocos años, un grupo de mujeres valientes decidió formar una asociación rural en el pueblo de Godojos, provincia de Zaragoza. Hoy esa ASOCIACIÓN, formada por mujeres de todas las edades, es una realidad eficaz y llena de vida.
En un pueblo como Godojos, que ha sufrido los efectos de la despoblación y la liquidación casi total de su ancestral y autóctona forma de vida, basada sobre todo en la agricultura, especialmente en el cultivo de la vid, de la que sacaban maravillosos caldos, era necesario que alguien removiese las conciencias adormecidas y la vida tranquila y monótona de sus habitantes y les hiciese recordar sus raíces, sus costumbres y su razón de ser. Esto lo está  consiguiendo este grupo de mujeres que, desde su asociación, han dinamizado diferentes proyectos y han creado una ilusión colectiva que antes no existía.
Las diversas responsables que, sucesivamente han capitaneado el grupo, han sabido moverse por el no siempre fácil mundo de las Autonomías, Diputaciones Provinciales y Ayuntamientos  para conseguir las subvenciones, que en justicia les correspondían, para realizar actividades y obras dentro de la Asociación y de su pueblo.
Participan con otras asociaciones de mujeres rurales, de los diferentes pueblos de la comarca, en encuentros anuales, muy beneficiosos, porque además de la convivencia que realizan, intercambian puntos de vista, ideas y realizaciones  que todas ellas llevan a cabo en sus respectivos pueblos.
Todos los años preparan una excursión a variados puntos de España, donde, además de la convivencia, disfrutan visitando monumentos artísticos o lugares emblemáticos ampliando así su cultura y sus conocimientos sobre nuestro país. Iniciaron sus viajes visitando la ciudad de Toledo con su catedral, sus iglesias, su Alcázar y sus numerosos museos. También realizaron sendas excursiones a San Sebastián, Segovia, Valencia y Pamplona. Este año han visitado Teruel y la preciosa ciudad de Albarracín. El eslogan de “Teruel Existe” lo han hecho propio también ellas, reivindicando su existencia y la importancia de su asociación.
En Teruel, acompañadas en todo momento por una competente guía, visitaron su riquísimo patrimonio MUDEJAR. La torre, techumbre y cimborrio de la catedral de Santa María. Las otras tres torres mudéjares: Torres de san Martín, San Pedro y El Salvador, admiraron  su belleza y se empaparon  de su rica historia y de sus curiosas leyendas.  Más cosas hay en Teruel que no dejaron de visitar: Monumento a los Amantes, Diego Mansilla e Isabel de Segura. Plaza del Torico, que probablemente da origen al nombre de Teruel. Su poética  leyenda, con su ángel y su estrella.
También visitaron la medieval judería y el ACUEDUCTO, obra realizada en el Renacimiento, el mayor de España en aquellos tiempos. En su recorrido con el tren turístico  visualizaron de nuevo todas estas maravillas y llegaron hasta el mirador de Mansueto desde donde se contempla una panorámica inmejorable de la ciudad.
Por la noche cena, baile y descanso en el hotel que las acogió.
A la mañana siguiente, viajaron a Albarracín, maravillosa ciudad medieval, capital del reino de Taifa que llevaba su mismo nombre. Hay mucho que ver y andar en Albarracín. No pudieron visitar su catedral porque está en restauración, pero sí que vieron la fachada barroca del Palacio Arzobispal, el castillo restaurado, su muralla perfectamente conservada con sus torres del Andador y de doña Blanca. También visitaron la casa Julianeta, típica de la ciudad.
Después de saborear ricos manjares en el  almuerzo de mediodía reiniciaron la vuelta a casa, satisfechas de su convivencia y de lo que habían visto, vivido y disfrutado.

CARLOS ALDA.







miércoles, 1 de julio de 2015

ADIÓS A BIENVENIDO CUERDA

El domingo, día 28 de junio, los habitantes de Godojos dijeron adiós a Bienvenido. Bienvenido era una persona importante en Godojos. Toda su vida había vivido en el pueblo con su mujer, y en el pueblo nacieron también sus hijas y su hijo. Su presencia en el bar todas las tardes era un referente. Los que vamos al pueblo, de cuando en cuando, lo echaremos de menos, como echaríamos de menos no encontrar el castillo, la ermita de san Jorge o de santa Ana. Las personas desaparecemos, los edificios continúan.
Lo recuerdo, cuando yo era niño, que vivía en la cuesta del castillo con su madre la tía Juana y con su hermano Pedro Cuerda, el famoso y querido “Cascarillas”, que tantos ratos buenos nos hizo pasar con la facilidad que tenía para inventar canciones o imitar la forma de hablar de las personas.
Bienvenido fue siempre una persona sencilla y trabajadora, amante de su pueblo y amigo de sus amigos. Vivió feliz rodeado de los suyos y de sus amigos. Yo desde aquí doy mis condolencias a sus familiares y pido una oración a la Virgen de esperanza, su vecina, por él.
Adiós, Bienvenido. Te echaremos de menos cada vez que vayamos a Godojos.    
ZARAGOZA 1 DE JULIO DE 2015

CARLOS ALDA

LOS VERANOS DE GODOJOS

Tengo suerte. Mis recuerdos de Godojos son todos buenos. Los veranos eran calurosos y divertidos. Es cierto que, ya siendo niños, teníamos que trabajar y ayudar a nuestros padres en las labores relacionadas con el campo y con la recolección de las cosechas.  ¿Quién  no recuerda los tiempos de “RAYAR”? EL CAMPO DE Godojos se llenaba de hombres, mujeres, niños, animales y toda clase de sombreros y canciones. Uno a uno íbamos despuntando los pámpanos y quitando cantidad de brotes, para que las uvas engordasen más. Era un tiempo alegre amenizado por alguna tormenta y por la consiguiente barrancada. Las mujeres, sobre todo las mocicas, protestaban por tener que ir a rayar. Echaban la culpa de este nuevo trabajo al tío Jacobo, se ve que gracias a él se empezó a rayar en Godojos, trabajo importante para que engordasen laS uvas quitando la exuberancia de los pámpanos.
Pocas fiestas se celebraban en estos meses. Había pasado san Gregorio y en junio celebrábamos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Esta fiesta era muy importante en Godojos. Siendo alcalde mi Padre, Ildefonso Alda y teniente de alcalde, Cipriano Borque, se decidió  traer una banda de música que acompañara los numerosos actos litúrgicos, sobre todo la misa y la procesión, que amenizara el baile del vermut, a medio día, y que distrajera a todos con los bailes de la tarde y de la noche. Era un descanso necesario en medio de las faenas de la siega. Yo era muy pequeño, pero mi abuelo Royo murió la víspera del Sagrado Corazón  de Jesús, recuerdo que lo enterraron y tocó la banda de música, canciones tristes en el entierro. En Godojos se tenía mucha devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en muchas puertas estaba su imagen y la plaza principal del pueblo lleva su nombre.
Después del Sagrado Corazón de Jesús se celebraba, en plena vorágine de la cosecha, la fiesta de san Lamberto. Los cofrades la disfrutaban a tope. Pasaban los gaiteros de Ibdes, con su tambor y su clarinete, que acompañaban a los cofrades en sus desplazamientos y que después montaban un gran baile en la plaza, tanto por la tarde como por la noche. En Godojos, en aquellos tiempos se bailaba mucho, nadie se perdía una pieza. Más de una pareja de novios salió gracias a estos bailes. Los cofrades de san Lamberto tenían una finca y disfrutaban de sus beneficios.
Mis recuerdos de finales del mes de junio se sitúan en los cerezos que tenía mi abuelo en una finca del barranco. ¡Qué cerezas más ricas! Con mis vecinas, “Las Elías”, íbamos de madrugada y traíamos llenas unas cestas blancas y grandes que era donde se guardaba la ropa. Recuerdo también la madrugada del día de san Pedro. Se tomaba chocolate en la fuente de Santa Ana y algunas casas, donde había mozas casaderas, aparecían adornadas con ramos de flores y ramas olorosas o con enormes cardos borriqueros, dependiendo de la amabilidad de la moza que la habitaba.
Mientras tanto, en los días ordinarios, los hombres de Godojos se dedicaban a segar, acarrear la cebada y el trigo, también el centeno y la avena y a trillarlos en las numerosas eras. Las zonas de la eras  se convertía en un hervidero. Hombres, mujeres, niños y niñas pasábamos casi todo el día allí. Se cantaba, se pasaba mucho calor, se merendaba y cuando bajábamos a comer, llenábamos el botijo en la fuente de la plaza, con agua fresquita, fresquita y nos echábamos un maravilloso trago y si había suerte una gaseosa del tigre o de la Samaritana.
Si amenazaba tormenta rápidamente se recogía la parva con la rastrera y con los rastros y se formaba el montón. Después había que aventarlo. Todos esperábamos que se moviese el aire “Solano”. Los hombres aventaban con las horcas, y las mujeres can sus cribas o cribones dejaban la cebada o el trigo limpios de polvo y paja. Después había que meterlo en talegas, en cada talega se metían cuatro medias, y dos talegas, o sea ocho medias, formaban un caíz. Qué curioso, en Godojos se usaba esta medida que era una medida de origen árabe. Lo peor ocurría cuando estas talegas había que subirlas al granero, que estaba en lo más alto de la casa. ¡Cuánto trabajo! Si se dejaba el trigo en la era, esa noche se dormía al raso, allí mismo, para guardarlo. Los chicos disfrutábamos acompañando a nuestro padre en semejante tarea. ¡Cómo brillaba el cielo estrellado!  ¡Qué cantidad de sonidos se percibían en las eras! El monótono grigri de los grillos, el cucu de los sapos, algunos aullidos de los perros o de los zorros, los maullidos de los gatos… era muy bonito. Nos tapábamos con una manta y dormíamos hasta el amanecer. Ver la salida del sol, redondo, redondo y lleno de luz, era un premio.
A los chicos no nos importaba trillar ni revolcarnos en la paja. Para quitarnos el picor teníamos los estanques del tío Pascual o del tío Luis en la fuente de Santa Ana.
Escaparnos de la siesta y bajar a bañarnos, con toda solina, era nuestro  deporte preferido. También de paso intentábamos buscar nidos de “picarazas”, ya que el secretario nos pagaba cada huevo a seis perricas. Las guardábamos la pandilla hasta que nos podíamos repartir  por lo menos un duro para cada uno.
Una vez que terminaban las labores el campo venía la siega del espliego. Un año fuimos con nuestros padres: Ildefonso, Cipriano y Pedro Castejón, Perico,  y sacamos dinero para ir a la feria de Calatayud y ver torear a Chamaco.
En Agosto, cuando ya se habían terminado las labores de las eras, y hasta se habían trillado y recogido las granzas, se celebraba la fiesta de san Lorenzo. Estábamos ya en el día diez. Los ricos del pueblo pertenecían a esta cofradía. Había dos días de funciones religiosas y de bailes con los gaiteros. Siempre hacía mucho calor y relacionábamos a san Lorenzo, que fue asado en unas parrillas, con el calor del verano. En el pueblo el calor se pasaba relativamente bien. Las casa eran fresca, porque muchos de sus muros eran recios, de adobe o de tapial; el agua de la fuente era fresquísima y el vino de las bodegas se mantenía a una temperatura ideal. Por las noches, se sacaban unas sillitas pequeñas y en las puertas de las casa se mantenían animadas tertulias, mientras se tomaba la fresca. Algunos creen que las tertulias es un invento reciente de los medios de comunicación, eso es porque no conocen las costumbres ancestrales de Godojos.
San Roque es el santo más venerado en los pueblos de Aragón. La Virgen de Agosto y san Roque se celebraban con mucha solemnidad en Alhama de Aragón. Muchos pasábamos, por lo menos una tarde, para ver el baile de los gigantes y correr perseguidos por los cabezudos. Nos llamaba la atención lo caliente que salía el agua en las fuentes públicas, nada que ver con lo fresca que salía en la fuente de la plaza de nuestro pueblo.
Lo que quedaba del mes de agosto y medio septiembre se pasaba vagueando en el pueblo. Algunas veces nos hacían madrugar y nos llevaban a quitar cerones en las viñas. Los chicos pasábamos el tiempo entre los estanques y la morera que la Señora Gaudiosa tenía en el regachón. En septiembre ya las cosas cambiaban. Había higos, ciruelas, melocotones, uvas… Los higos más frescos estaban en el jardín de la Iglesia, que en sus tiempos fue cementerio. Muchos no los querían probar por este motivo, pero a fe que eran buenos.
Dos fiestas se celebraban en septiembre: La Virgen y la Cruz. Ambas tenían sus cofradías y se traían a los gaiteros. La Virgen coincidía con las ferias de Calatayud. Muchos godojeños y godojeñas viajaban allí para ver las vaquillas o alguna corrida de toros. Se aprovechaba el viaje para comprar alguna caballería o aperos y cuerdas necesarias para el campo. En la fiesta de la Cruz se sacaba vino a la plaza y todo aquel que quería lo bebía gratis. Alguna melopea se cogía por este motivo.
Esto son recuerdos de Godojos. Eso ya es historia. Actualmente se va al pueblo a descansar, a disfrutar del fresquito de sus bodegas, del buen ambiente que se forma en el bar, donde se puede disfrutar de unos pinchos excelentes, y de riquísimas y sabrosísimas  chuletillas asadas con sarmientos en los hogares de las bodegas.
Un placer único es madrugar un poco, subir hasta el enebro de Matarredonda y disfrutar de un sencillo almuerzo contemplando el paisaje a la vez que sentimos el frescor de la suave brisa que sopla bajo la sombra del centenario y querido árbol. Yo invito a que, al menos una vez, se viva esta experiencia en Godojos.
ZARAGOZA, VERANO DE 2015-07-01
CARLOS ALDA