sábado, 19 de abril de 2014

JUEVES SANTO EN GODOJOS



Con la Semana Santa Godojos rejuvenece, se puebla de nuevo, se llena de gente.
Este Jueves Santo ha cumplido con creces el dicho tantas veces repetido de los tres JUEVES QUE RELUMBRAN MÁS QUE EL SOL: JUEVES SANTO CORPUS CRISTI Y EL DÍA DE LA ASCENSIÓN. El día salió brillante. El Sol lucía con todos sus encendidos y cálidos rayos. El cielo estaba azul, como sólo se ve en Godojos. Los campos tapizados con el verde de los trigos y adornados con miles de florecillas. La Naturaleza hacía presagiar un día estupendo, como así fue.
¡Cuántos encuentros! ¡Cuántos besos y abrazos! Amigos y convecinos, que hacía tal vez años, que no nos habíamos  visto, nos reencontramos llenos de alegría.
Bajamos al bar a tomar el vermut y los aperitivos. Comimos en las bodegas, donde las chuletas y papadas asadas con sarmientos saben mejor que en el más selecto restaurante. Hablamos, contamos anécdotas, preguntamos por los presentes y por los ausentes. Bebimos el sabroso tinto que todavía se hace en Godojos, nos lo pasamos muy bien. Volvimos al bar para tomar café y jugar la partida de guiñote antes de ir a la misa del Jueves Santo y a la procesión.
A las cinco en punto, hora muy torera, muchos acudimos a celebrar la ÚLTIMA CENA DEL SEÑOR. El joven sacerdote nos habló del alimento, de su importancia y de cómo Jesús se había quedado para siempre con nosotros, para que lo comiésemos y nos sirviese de alimento para la VIDA ETERNA. Al terminar la misa llevamos al Santísimo a la capilla del Cristo donde está improvisado el Monumento. Se cantó El PANGE  LINGUA Y EL TANTUM ERGO SACRAMENTUM. Yo me recordaba de los tiempos en que se ponía el Monumento, esa joya que me supongo que estará guardada en alguno de los cuartos de la iglesia. Las MOZAS DEL SEÑOR  lo adornaban con macetas de lentejas germinadas en la oscuridad y con calas y geranios, así como con muchas velas encendidas. Los CENTURIONES hacían guardia vestidos con los uniformes romanos.  
Empezó la procesión. Manolo iba abriendo paso con el Cristo que hay en la entrada. Tres CAPUCHINOS, vestidos con su hábito morado de penitencia, llevaron la Cruz de madera imitando a Jesús y a los Cireneos. Mucha gente y con mucho respeto recorrimos  el camino marcado. En la calle de LA AMARGURA, Jesús se encontró con su Madre, la VIRGEN DE LOS DOLORES. Hasta este año no me había fijado en lo guapa  que es. Se parece a las Vírgenes andaluzas. ¡Qué encuentro tan emocionante! La Dolorosa llevada por mujeres y su Hijo llevando la Cruz en que va a ser crucificado. Sin quererlo, dirigí mi vista hacia la ventana de la casa de tío Federico, donde este día, entre dos farolillos rojos, se asomaba su mujer luciendo un blanco fantasmagórico, que nos llenaba de miedo cuando éramos niños.  Al volver a la iglesia y dejar la CRUZ  junto al Sagrario, un grupo numeroso cantamos emocionados LAS HORAS DEL RELOJ.  En esas horas recordamos toda la PASIÓN DE JESÚS, desde el lavatorio de los pies en la ÚLTIMA CENA, hasta la sepultura y La SOLEDAD DE LA VIRGEN MARÍA.  Debió gustar mucho porque al terminar todos prorrumpieron en un sonoro aplauso. El sacerdote nos aplazó a todos al VIACRUCIS del VIERNES SANTO por la mañana.
Terminados los oficios religiosos pasmos una tarde fenomenal. Fue el momento de COMPARTIR. Toñete abrió su bodega para todo aquel que quisiera gustar su rica limonada, sus cervezas sus pastas y sus frutos secos. Estuvimos un buen rato haciendo aprecio a todo que nos ofreció. Desde allí nos bajamos a la bodega de Fermín, donde volvimos a probar la sin par limonada acompañada de algo bueno para que empapara dentro del cuerpo.  Uno metros más arriba está la bodega de David y María Teresa, recién estrenada. Una gozada de bodega. También nos obsequió lleno de alegría y entusiasmo con la imprescindible limonada y un montón de cosas. Salimos contentos alabando lo bien que le había quedado su obra y nos dirigimos a la de Jesús, nuestro querido “Cañas”, donde su sobrino Tomás nos llenó los vasos de una limonada tan buena o mejor que las anteriores.
Las mujeres por su parte hicieron otro recorrido. Primero estuvieron en la bodega de Ester, después en la de Pili y terminaron en la nueva de María Teresa. Bebieron limonada y comieron ricas TORRIJAS, muy propias de la Semana Santa y sabrosa LECHE FRITA, además de rosquillas y frutos secos. Me han dicho que Casi las invitó el Viernes a su salón-bodega, donde las obsequió divinamente.
Ambos grupos terminamos muy contentos, no sólo por la alegría que produce la dulce limonada, sino por la alegría de juntarnos todos y compartir en buena armonía nuestras costumbres y tradiciones.
Yo me vine a Zaragoza ya de noche, pero me supongo que el VIERNES SANTO, celebrarían el VIACRUCIS los OFICIOS Y LA PROCESIÓN CON EL CRISTO YACENTE, con gran devoción y que después volverían a compartir su amistad y la alegría de haberse encontrado en estos días tan tradicionales y señalados.
ZARAGOZA, 18 DE ABRIL, DÍA DE VIERNES SANTO
CARLOS ALDA







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jueves, 30 de enero de 2014

ADIÓS ROSA, ADIÓS.

Rosa nos dejó el viernes 17 de enero. Se fue de madrugada sin hacer ruido, pero dejándonos un vacío difícil de llenar.
Yo estaba lejos de Godojos. Cuando mi prima Conchita nos llamó por teléfono y nos dijo la noticia, las lágrimas acudieron a nuestros ojos y el alma se nos rompió por dentro. Nosotros, como otras muchas personas de Godojos y de Alhama, sentíamos cariño por Rosa, porque ella también sabía dártelo.
Rosa era una mujer cariñosa, generosa, servicial. Buena madre y abuela, buena esposa y buena  amiga de sus amigos. Me costará mucho estar en Godojos para el verano y no verla sentada en la puerta de su bodega, dispuesta siempre a invitarte y a mantener una sincera, amable y divertida conversación contigo.
Echaremos de menos su trajín dentro de la bodega, su sonrisa acogedora, sus ganas de agradar y de sorprendente siempre con viandas sencillas, pero riquísimas, preparadas por ella misma.
Me han contado que el entierro fue multitudinario y que Don Esteban, antiguo cura del pueblo y hoy Vicario de la diócesis de Tarazona, supo mover el corazón de todos los asistentes con sus cálidas palabras, llenas de fe y de consuelo, y con sus cánticos que producen paz y serenidad.
Para mi querido pariente y amigo Amalio y para sus hijos y demás familia nuestro más sentido pésame. Gracias a nuestra fe creemos que Rosa está ahora en un lugar mejor, donde ya no hay penas, ni enfermedades, ni sufrimiento.
¡Que Dios tenga a Rosa en su GlorIa!
Un abrazo fuerte para toda su familia.
Zaragoza 30 de enero de 2014-01-30.
 CARLOS ALDA


GODOJOS, SIEMPRE GODOJOS.

Estamos a finales de enero y Godojos ya ha pasado sus buenos días de frío. Ha nevado en Godojos. Las heladas han sido fuertes y los “chorlítos” o carámbanos  han colgado como trofeos del frío invierno de las canaleras de nuestros tejados. Pero no importa el frío. En las casas se resiste  bien. Hay mucha leña, leña abundante. Buenas cepas, troncos secos de almendros y de cerezos, estufas clásicas y eléctricas, calefacción individual.
Hace ya muchos años la leña era fundamental en Godojos. Las aliagas, los espliegos, los sarmientos, las cepas, cualquier producto del campo que pudiera arder en el hogar. Recuerdo cómo lloraban  los sarmientos aún verdes, cómo crepitaban las aliagas. Qué papel tan importante desempeñaban las aliagas en las matanzas de los cerdos. Además de servir para calentar el agua en las calderas para pelarlos o para cocer las morcillas, servían, como teas, para quemar los pelos del morro o de otras partes que habían quedado después de pelarlos.
No es descriptible la alegría de las matanzas, que en Godojos se celebraban sobre todo en Diciembre y Enero. La gente tenía otra cara. Se le veía más satisfecha, tal vez porque la alimentación era mejor, porque se comía con más sustancia, porque se ingerían más calorías, porque se saboreaban más los alimentos. ¿Quién no disfrutaba comiéndose las degolladuras en el almuerzo de la mañana en que se mataba el cerdo? ¿A quién no le gustaba las morcillas de arroz, las morcillas de hígado, las tajadillas de papada o los chorizos y longanizas? ¿Qué chico no disfrutaba sobando la vejiga, hinchándola con una paja y dándole patadas después?
Benditos cerdos que tanto hambre quitasteis en el pueblo y que tantas alegrías nos disteis en aquellos tiempos duros, pero llenos de vida y felicidad en Godojos.
Se aproximan las fiestas de La Candelaria y de san Blas. Las dos se celebraban en Godojos el día de La Candelaria los niños y niñas subíamos a misa desde la escuela, nos daban un cavo de vela, que era nuestra candela y asistíamos a la procesión por la iglesia con nuestro cavo encendido. El trocito de vela que nos quedaba lo guardábamos como oro en paño, por si alguna vez se iba la luz en casa.
El día de san Blas era la fiesta de los chicos. Realmente era una fiesta machista, que ahora la prohibirían, porque solamente participábamos los chicos. La preparábamos con más de un mes de anticipación. Buscábamos el mejor gallo y pedíamos a los versificadores del pueblo que nos hicieran nuestra canción. El gallo se recorría todo el pueblo, desde las casas del Portón hasta la del tío Bernardo y contaba todo lo que merecía la pena contar que pasaba en ellas. Era una fiesta muy divertida culminada con una estupenda merienda.
Bueno, esto son algunos recuerdos de Godojos, que me apetece escribirlos aquí y que sé que a muchos les gustará volver a vivirlos aunque sea simplemente leyéndolos.
Zaragoza, 30 de enero de 2014.

CARLOS ALDA

viernes, 26 de julio de 2013

SIEMPRE GODOJOS


Por fin llegó el verano. Todos esperamos que Godojos se anime con la llegada de los veraneantes. Hace años Godojos se llenaba de actividad con las labores del campo propias de la época: la siega, el acarreo, la trilla, aventar, o sea separar la paja del trigo o de la cebada y la recogida de la paja. La vida de Godojos durante casi un mes se trasladaba a las eras. Mucho sol, canciones, voces a las mulas, vueltas y vueltas trillando en las eras, visitas frecuentes a la sombra y a los botijos llenos de agua fresca de la fuente. Meriendas al atardecer con ricas y jugosas ensaladas de rojo tomate. Miradas a la veleta de la casa del castillo, para ver si soplaba el viento Solano y mucha alegría porque se recogía el fruto de muchos sudores. Las labores de las eras se terminaban con la trilla de las granzas, porque en Godojos se aprovechaba todo.
Ahora las cosas han cambiado. No se siega, no se trilla y lo poco que se cosecha se realiza con enormes y poderosas máquinas. Sí se visitan algunos melonares y se recogen aquellos que están maduros. Se sigue disfrutando del frescor de las bodegas y de algunos traguillos de vino a su debida temperatura, que reconfortan el cuerpo y el espíritu.
Es agradable tomar el vermut en la terraza del bar, disfrutar de pequeños paseos al atardecer y de las frescas y animadas veladas nocturnas tomando un cubata o un chupito con hielo.
Está próxima la celebración de la fiesta veraniega de Godojos. Sé que estará animada y que disfrutaréis todos de ella en alegre armonía.

FALLECIMIENTO DE LUISA MONGE
Hace unos días me comunicó mi prima Conchita el fallecimiento de Luisa. Siempre que perdemos a alguien de Godojos resuena en mis oídos el triste y plañidero son de nuestras campanas tocadas por el Borque. Es una hermosa manera de decir adiós a los seres queridos del pueblo. Es una forma de rezar y de pedir a Dios que los acoja en su gloria.
Luisa era la madre de Faustino, a quien aprecio, y de otras dos hijas. A  él y a ellas mis condolencias.
Volviendo a mis recuerdos de niño os diré que guardo en mi memoria la figura de su padre, a quien en el pueblo se le conocía como el tío Faustino “el sordo”. Su madre se llamaba Leocadia y sus hermanos eran David, Mario y Heraclio. El tío Faustino murió en unas fiestas de san Gregorio y la banda de música tocó en su entierro.
Que Luisa, vecina de nuestro pueblo, descanse en PAZ.
CARLOS ALDA.
MIAMI PLAYA. 21 DE JULIO DE 2013

   

jueves, 16 de mayo de 2013

SAN GREGORIO DE OSTIA, PATRÓN DE GODOJOS


Por fin llegó el día de la fiesta del pueblo. El día 10 de mayo, al atardecer, se celebraron las tradicionales vísperas en la ermita de Santa Ana. Después, encuentro y saludo de amigos y un pequeño refrigerio costeado por la comisión de fiestas, bajo el patrocinio del Ayuntamiento. Por la noche baile en el salón.
El día 11, se celebró la fiesta mayor. A las doce de la mañana, sonoro repiqueteo de campanas y alegre volteo del campanillo a cargo del  bueno de Tomás. Inmediatamente la misa solemne, armonizada por entonados cánticos cantados con devoción por los asistentes a la santa misa.
Terminada la santa misa cuatro hombres fornidos y recios sacaron al santo en procesión. La peana estaba adornada con cuatro hermosos rollos, bien azucarados. No llevaba flores. Sugiero para otros años confeccionar unos ramos verdes, salpicados de flores silvestres, tan abundantes ahora en el campo de Godojos, para que la peana no se vea tan pelada. En el recorrido se cantó el himno eucarístico “Cantemos al Amor de los Amores”  y otra bonita y sentida plegaria a María. La Cruz la llevaron durante la procesión Tomás y José Luis Nieto.
La subida a Santa Ana fue costosa, porque el desnivel que hay que salvar es considerable, pero una vez en lo alto mereció la pena. Todos los acompañantes de San Gregorio pudimos contemplar el término del pueblo inmensamente verde, salpicado de amapolas rojas como pequeños corazones o como labios enamorados. Verdes pinares, verdes trigales, vedes malvas, vedes mielgas, cardos verdes, margaritas verdes tapizadas de florecillas blancas en un sí quiero, no quiero. El sembrado de la loma parecía un pequeño lago ondulado por la brisa que le daba un tinte verde violeta. El espectáculo era maravilloso. Los ojos se llenaban de ilusión y de verde esperanza.
Entramos en la ermita de Santa Ana donde, a parte de su limpieza, pudimos admirar el retablo renacentista lleno de óleos que representan a diversos santos españoles. Terminamos en la iglesia principal donde veneramos y besamos la reliquia del Santo Patrón. Junto a la peana del santo me hice una foto con Avelino.
El vermut de hermandad celebrado en el salón resultó estupendo. Son momentos que merecen la pena vivirse. Hay armonía, buen humor, alegría, felicidad por reencontrarnos de nuevo y una abundancia de comida y bebida que hacen olvidar los momentos de crisis por los que estamos pasando. Chorizo y salchichón, jamón curado y queso blanco y sabroso, langostinos y frutos secos, vino, cerveza, coca-cola, naranjada, limonada…
Comida en la bodega, todo a la brasa de sarmientos: morcilla horonda, sabroso chorizo y longaniza, fina papada y riquísimas costillas de cordero de Aragón. Vino de cosechero, cerveza, agua fresca de la fuente y postres variados. Después café y copa o chupito y divertidas partidas de guiñote. A última hora de la tarde aún fuimos a la bodeguilla de Joaquín. Allí nos juntamos Amalio, Luis, el hijo de Carmencita y sobrino de Joaquín, Ángel, mi cuñado, fotógrafo oficial, un servidor y el dueño a degustar sabrosos caldos que cuida y guarda con esmero nuestro anfitrión.
Terminamos el día todos muy  felices. Tal vez este año haya echado de menos  a familias enteras que otros años no suelen faltar. Desde esta página animo a todos los nacidos en Godojos o que tienen o han tenido relación con el pueblo que no dejen de asistir a estas fiestas,  porque nos encantaría verlos y volver a estrechar sus manos.  
San Gregorio fue Obispo de Ostia. Ostia es el puerto de la ciudad de Roma. Muchos  pueblos de Aragón y La Rioja, con abundantes viñedos y tradición vitivinícola lo tienen como patrón o como protector de sus viñas y cosechas. Se cuenta que hubo una gran epidemia de filoxera en los viñedos de estas regiones. Sus habitantes rezaron a Dios para que librase de esta enfermedad a sus viñedos, porque suponía una gran catástrofe. Sacerdotes y religiosos trajeron de Roma unas reliquias de san Gregorio. Los lugareños invocaron al santo con devoción y las viñas se vieron libres de la plaga de la filoxera.
RECUERDOS DE SAN GREGORIO
Cuando yo era niño, la fiesta de san Gregorio era un acontecimiento sin igual. La víspera, los niños y niñas íbamos a la escuela hasta mitad mañana. A las doce salíamos a esperar la banda de música. Casi siempre venía la música de Torrijos de la Cañada, aunque en otras ocasiones vino la de Maluenda, la de Ateca,… Antes de comer, la banda recorría el pueblo tocando sus pasacalles. Toda la chiquillería íbamos detrás llenos de alborozo. Los chicos admirábamos especialmente a los músicos que tocaban el bombo o tambora, con sus platillos, el tambor y la trompeta.
 A medio día, excepcionalmente, subía el coche correo a la plaza, para traer a los invitados forasteros. A veces hasta venía un autocar que hacía servicio en los balnearios de Alhama. Era rara la familia que no tenía algún huésped en su casa. Por la tarde se cantaban las vísperas en Santa Ana, amenizadas por la banda de música. Al atardecer se tenía el primer baile. Por la noche la banda volvía a tocar en la plaza para que todo el mundo bailase de nuevo.
El día de la fiesta se cantaba la “Aurora” de madrugada. Los hombres que cantaban a horas tan tempranas se ponían a tono la garganta con unas copillas de orujo casero con sabor a anís. Era gratificante oír arropadito en tu cama esas cadencias musicales que sonaban muy bien. Mi padre, Ildefonso, el Cipriano, el Perico, el Germán, el Manuel, el José Manguillas, el tío Guillermo… las cantaban con fervor, entusiasmo y mucho cariño. Después todo el pueblo participaba en el Rosario de la Aurora. Cuando subíamos por la calle Zocodover, le recordaba al Borque, como de chicos íbamos por esa calle llevando sendos faroles.
La misa era muy solemne. La presidía los miembros del Ayuntamiento en pleno, presididos por el Sr. Alcalde que llevaba en sus manos la VARA DE MANDO. La celebraban tres curas, venía un predicador de tronío y la cantaban y tocaban los músicos de la banda junto con los hombres del pueblo. En la consagración, al alzar la Sagrada Hostia y el Cáliz, se tocaba la Marcha Real o Himno Nacional. A todos se nos ponía la carne de gallina.
A medio día se tenía el baile del vermut que solía terminar tocando la banda “Los Sitios de Zaragoza”. A veces personas mayores bailaban parte de ellos. La comida era excelente. Casi siempre rica paella de conejo y pollo. En la puerta de mi casa se reunían muchos pobres y gente que venía de las cuevas de Ibdes. Mi madre y las tías de Joaquín sacaban platos de arroz para que nadie se quedase sin disfrutar de la buena comida de la fiesta. Se completaba el día con el baile de la tarde y con el de la noche. Para terminar el baile se tocaba la “Jota”. Personas mayores, como el tío Jacobo y la tía Encarnación la bailaban estupendamente y muchas personas les hacían corro.
Al día siguiente se continuaba la fiesta. Le llamábamos san Gregorillo. Salvo los oficios religiosos lo demás era lo mismo. Si hacía bueno, el baile estaba muy animado.  Como la plaza estaba sin asfaltar, los mozos tenían que regarla con pozales para que no se levantase tanto polvo. Los chicos gozábamos acompañando a la música cada vez que recorría las calles del pueblo tocando la diana floreada por las mañanas o los pasacalles a otras horas. Los pequeños ahorros que teníamos nos los gastábamos en las confiteras, comprando dulces, mixtos, bombetas o algunos cortes de helado que nos vendía el “Cacahuete” de Alhama. Al día siguiente de las fiestas volvíamos a la escuela felices por los buenos días pasados.  En estas fechas Godojos contaba con unos quinientos habitantes.
Zaragoza, 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima del año2013
CARLOS ALDA  GÁLVEZ