miércoles, 31 de octubre de 2012



PRIMER ALMUERZO DE LA TEMPORADA


Ayer, día treinta de octubre celebramos el primer almuerzo de la temporada. Diez amigos de Godojos o relacionados con Godojos nos citamos en el bar Emperador para disfrutar del primer almuerzo. Este año se nos ha unido JUAN, cuñado de Jesús Borque. Él es de Cetina y estuvo casado con Angelita, la hermana de Jesús. Todos lo conocíamos y fue aceptado en el grupo con alegría. Nos invitaba PACO,  que es muy generoso y disfruta siendo él el primero que empieza el ciclo cada año.
Así pues, disfrutamos del almuerzo José Alda, el más veterano de todos, Alfonso Cebolla, Alfonso Alda, Jesús Borque, Roque Martín, Paco Bosque, marido de Dolores, el invitador, Ángel Ramos, marido de Carmen Alda, Carlos Galindo, de Alhama, marido de Elena, Juan el nuevo y Carlos Alda que escribe esta crónica.
Lo pasamos muy bien. Disfrutamos de un buen almuerzo regado con vino generoso. Prolongamos la tertulia tomado café y alguna copa. Después disputamos varias partidas de guiñote, como es costumbre.
Desde esta página invitamos a todo aquel que quiera unirse a nuestro grupo y disfrutar de estupenda compañía y sabrosas conversaciones y recuerdos, que no deje de hacerlo. Con cualquiera que contacte del grupo, le dará razón suficiente y conveniente. En esta ocasión recordamos la fiesta de Todos los Santos que en Godojos coincidía con el fin de la vendimia. Todos llegamos a la conclusión de que cuando nosotros éramos niños, Godojos era un gran pueblo, lleno de personajes sencillos, sabios e ilustres, de costumbres estupendas y de vida sencilla pero intensa y llena de alegría.
ZARAGOZA, 31 de octubre de 2012
CARLOS ALDA

sábado, 20 de octubre de 2012


GODOJOS Y SUS UVAS


A veces decimos que hay gente que “tiene mala uva”. De Godojos no podemos decir eso. En Godojos siempre ha habido buena uva. La uva fue durante mucho tiempo la vida de Gosdojos. Se vivía para la uva y por la uva.
En las viñas había muchas clases de uva: Robal o (Bobal), Viuna o(Viura), Garnacha, Moscatel, Tempranillo, Moristel… yo solamente sabría distinguir las más comunes, pero los entendidos sabían muy bien cual era cual y qué propiedades tenían.
Antes de la vendimia nos acercábamos a las viñas para coger uvas y conservarlas colgadas durante parte del invierno. Recuerdo que había unas uvas preciosas llamadas de COLGADERO. Tenían los granos muy sueltos y brillantes. Además eran  bastante gordos y su color era de un  morado intenso. Estas uvas tenían la particularidad de que se conservaban durante mucho tiempo intactas, tal vez un pelín arrugadas.
Otras uvas muy buscadas eran aquellas que tenían unos granos muy gordos y de color rojo. En el pueblo se les llamaba de COJÓN DE GATO o de SANGRE LIEBRE. Eran unas uvas muy sabrosas, aunque tenían unas pepitas muy gordas. También eran buenas para colgarlas y guardarlas durante mucho tiempo.
Colgadas también se guardaban uvas blancas de garnacha o de robal. Las uvas de garnacha negra se guardaban extendidas sobre tableros o cañizos. Como sus granos eran pequeñitos llegaba un momento que se convertían en pasas. Eran muy ricos de comer y se empleaban para mezclarlos con los bizcochos.
Las uvas de moscatel y de viuna se comían de postre antes de las vendimias. El moscatel había que cogerlo pronto porque en caso contrario se lo comían las avispas. Su sabor era dulce como el de la malvasía.
 Las uvas que se guardaban en los graneros servían para postre durante muchos meses y también para mezclarlas con las migas. En Godosjos se comían muchas migas, porque el pan, cuando se ponía duro, se aprovechaba de esa manera.
Los vendimiadores que venían de otros pueblos y los de Godojos no se resistían, de cuando en cuando, en dar unos bocados a los racimos más lustrosos, maduros y brillantes. Los galgos, que andaban sueltos por el pueblo y pasaban mucho hambre, también comían del fruto de las cepas.
Una anécdota curiosa. Cuentan que una cuadrilla de vendimiadores, que iban para alguien de Godojos, se quejó, porque en la comida que les enviaban al campo, nunca encontraban postre. La dueña de la casa y encargada de preparar las viandas mandó coger un canasto de ricas uvas, de uno de los cuévanos, y enviárselas en la próxima comida. Fue una buena idea.
Zaragoza, 16 de octubre de 2012
CARLOS ALDA

viernes, 12 de octubre de 2012


LAS MUJERES RURALES DE GODOJOS VIAJAN A SAN SEBASTIÁN


Por fin llegó el día esperado, 15 de septiembre. Casi tres decenas de mujeres viajeras y muy valientes se dieron cita en Godojos para realizar su viaje anual. La víspera, se las veía ilusionadas. Por las calles del pueblo circulaban personas: niños bulliciosos, complacientes maridos y mujeres comunicativas y habladoras saludándose con cálidos abrazos. El bar del pueblo rebosaba de personal. El ambiente era formidable. Recordaba los buenos tiempos en los que Godojos era un pueblo alegre, poblado de personas y de niños que corrían descuidados por sus calles.
Las tertulias en la terraza del bar se terminaron relativamente pronto, porque al día siguiente había que estar a las seis de la mañana montadas en el autocar.
La noche pasó rápida y con sueño inquieto. Poco antes de la hora fijada se iban abriendo las puertas y las viajeras salían, con sus maletas de viaje o sus bolsas, camino de la fuente nueva donde les esperaba el autocar. Algunas iban acompañadas de sus maridos, otras protestaban porque los suyos se habían quedado tranquilos en la cama, sin reparar que a ellas les hubiese gustado que hubiesen bajado con ellas hasta el autocar. “Eso son maridos y no los que se han quedado durmiendo”, oí que decía una de ellas.
Tras una leve parada en Alhama para recoger a Tere, el autocar puso rumbo a San Sebastián, primer destino de nuestras viajeras. Tras un descanso  en la carretera para desayunar las rurales  llegaron a su destino: San Sebastián.
Fueron primero al monte Igueldo. Se montaron en el funicular y presenciaron divertidas la playa de La Concha y los paisajes que desde tan privilegiada altura se presenciaban. Regresaron al autocar para visitar la otra parte de la playa de La Concha aunque no emprendieron la ascensión al monte Urgull ni  visitaron  el castillo de La Mota y al Cementerio de los Ingleses por no disponer de tiempo. Así se les pasó la mañana. De nuevo en la ciudad se desperdigaron por el casco viejo para comer. Me costa que no hicieron una comida formal, pero sí que se pusieron hasta las cachas con los ricos pinchos que saben hacer, como nadie, en esos bares de la zona de tapeo.
Por la tarde realizaron la visita guiada a San Sebastián. Tres horas acompañadas de la guía descubriendo la belleza y riqueza artística de la ciudad. El Kursal, la catedral, el palacio de Ayete, los Peines del Viento de Chillida, el hotel María Cristina, los paseos y bulevares fueron visitados por el grupo y la guía las ilustró con sus conocimientos y sus entretenidas anécdotas.
Al atardecer llegaron rendidas al hotel en Lasarte. Cenaron con buen apetito y aunque algunas querían seguir la juerga, creo que se retiraron a descansar a sus habitaciones.
El domingo amaneció con un sol radiante. Después de tomar un desayuno estupendo en el hotel emprendieron viaje a San Juan de Luz, ciudad fronteriza francesa donde pasaron la mañana. A las rurales de Godojos les gustó la ciudad y compraron diversos productos y adornos. Sé que tuvieron mucho éxito las vaquitas y los pimientos imantados, pero también los quesos y otros productos típicos de allí. Visitaron también Hondarribia, antes Fuenterrabía, y después de comer, tapeando de nuevo, emprendieron el viaje de regreso. En la Almunia, las que viajaban a Zaragoza, abandonaron el autocar. El resto siguieron el viaje hasta Godojos donde terminó la excursión. Todas se sintieron felices, alabando la buena organización, dando las gracias a las responsables y emplazándose hasta el próximo año para realizar una nueva salida en tan buena armonía.
Los dos días que Godojos se quedó sin mujeres los pasamos los hombres haciendo de amos de casa. Comimos y cenamos en las bodegas y jugamos buenas partidas de guiñote en el bar. Sí que echamos de menos a nuestras mujeres y en el fondo todos pensábamos lo mismo: ¡Qué triste y aburrida es la vida sin ellas!
Me hubiese gustado publicar fotografías con las protagonistas de la excursión, pero nadie me las ha enviado para poder ilustrar el evento.
Zaragoza 1 de octubre de 2012.



CARLOS ALDA    
EL PEIRÓN DE LA VIRGEN DEL PILAR


En el camino del pueblo a la fuente de “Santana”, al borde mismo del barranco Valdaroque, se encuentra, el que fue, un hermoso Peirón dedicado a la Virgen del Pilar.
El Peirón tiene una altura de cuatro metros y una anchura en la base de 80 X 70 cm. La planta está formada por unas piedras sillares, muy bien colocadas, aunque ahora casi permanecen enterradas. Además de la base tiene tres cuerpos. En el segundo de ellos se encuentra la hornacina con la imagen de la Virgen de Pilar. Remata el Peirón  una cruz de hierro, que a su vez soporta una veleta.
Recuerdo cuando éramos niños las veces y veces que pasábamos junto al Peirón. Siempre dedicábamos un recuerdo, un saludo o una jaculatoria a la Virgen del Pilar. Muchas veces nos sentábamos en las piedras de su base antes de emprender la subida hacia la fuente de “Santana”. No recuerdo un solo año que dejásemos de rezar junto a este Peirón el día 12 de octubre. Para nosotros era importante visitar a la Virgen en su Peirón en pleno campo y añorar las fiestas que se celebraban en Zaragoza.
Hoy día el Peirón está muy dañado y muy abandonado. Gracias a su firme estructura de ladrillo se mantiene en pie. Creo que ya no está la primitiva imagen del la Virgen del Pilar, porque, hace años, su propietaria tuvo la osadía de subirse a una escalera y coger la imagen diciendo que era de su papá. Menos mal, que otros godojeños y godojeñas supieron remediar tan torpe decisión y colocaron una nueva imagen.
La palabra “Peirón” es una palabra aragonesa. Es una palabra sonora, recia, firme, segura, redonda, como todo lo bueno de Aragón. No está en el diccionario de la Real Academia Española, pero no importa. Nosotros la mantenemos como un tesoro. El ordenador me la admite sin ningún reparo ni subrayado. Mantengámosla pues nosotros con orgullo y hagamos algo por mantener también en pie y dignamente el Peirón del Pilar donde nosotros y nuestros padres y abuelos rezamos  a la Pilarica en tantas ocasiones.
ZARAGOZA, 12 DE OCTUBRE DE 2012.
CARLOS ALDA 

sábado, 25 de agosto de 2012

ADIÓS A LA RECORDADA AURORA

Ayer me comunicaron la muerte de Aurora. Hoy todos los del pueblo se habrán volcado en darle su último adiós en el cementerio de Torrero. ¡Cuánto me hubiese gustado compartir estos momentos con todos! Desde aquí doy mis condolencias a sus hijos e hijas, yernos y nueras, nietos y nietas.
Aurora era el último eslabón vivo mayor, que me unía con la gente de mi infancia. Aurora, mi madre Pilar, “la Roya”, la Tía Humbelina, madre del Borque, y la tía Aguedica, mujer del Cesáreo, eran muy amigas. Se reunían, en las tardes e invierno para jugar al “Burro”  y a la “Zorrica”, cada domingo en una casa. Nosotros nos acercábamos donde ellas estaban porque nos preparaban chocolate y algunas tortas.
Aurora era la mujer del tío Perico, un hombre alegre y juguetón, lleno de brío y de optimismo. Ella también derrochaba alegría. Yo recuerdo que se reía con una risa franca y sincera. Sus carcajadas eran sonoras y contagiosas. Siempre estaba de buen humor. Aurora fue la madre de nuestro amigo Antonio, persona noble donde los hubiera, buen amigo y excelente paisano. Todos lo recordamos con cariño y lloramos su pronta desaparición.
Hoy quiero recordarla con aquella alegría que tenía cuando era joven y también quiero CREER que se habrá reencontrado con sus seres queridos en la otra vida y que habrá vuelto a sonreír con la misma alegría que derrocho cuando era joven en esta vida. Descansa en paz querida AURORA.
CARLOS ALDA. MIAMI PLAYA, 21 DE AGOSTO DE 2012   

jueves, 23 de agosto de 2012

Veranear en Godojos

Siempre ha habido veraneantes en Godojos. Recuerdo cuando era un crío que venían chicos y chicas como yo a pasar el verano a casa de familiares. Procedían de las ciudades y traían un color blanco envidiable para nosotros, que estábamos curtidos por el sol y el aire del pueblo. Pronto cogían nuestro color moreno, si subían a las eras a trillar o bajaban con toda la canícula de las tres de la tarde a bañarse con los chicos del pueblo en los estanques del Sr. Pascual o del Sr. Luis.
También venían personas mayores, que paseaban al atardecer por la carretera, tomaban la fresca en las puertas de las casas, o bajaban a tomar vermut al medio día a las bodegas, o a disfrutar de unas buenas chuletas asadas con sarmientos y regadas con el espeso y sabroso tinto que se guardaba dentro.
Los tiempos han cambiado. En Godojos ya no se siega con hoz ni se trilla en las eras, pero si se sigue tomado el aperitivo en las bodegas y merendando ricas chuletas al caer de la tarde. Es una suerte poder disfrutar cada año de estos placeres en compañía de gente estupenda.
Poder pasar unos días del verano en Godojos es un lujo. Yo doy gracias a mis primos que me permiten hacerlo. Compartir un vaso de buen vino y conversación con cualquiera del pueblo merece la pena. Si ese cualquiera se llama Joaquín, Amalio, Rosa, Borque, Conchita, Salva, Tere, Toñete, Fermín, Jesús, Alfredo, Pascual, Esther, Loli, Santiago, Pili, Olga, Inés, Carlos, José Luis, Aurora, Ángel, Margarita… y otros tantos que me gustaría nombrar, más que más. Tomar el fresco por la noche en la terraza del bar o en la puerta de la bodega de Amalio, oyendo los tangos, pasodobles, rancheras o sevillanas que nuestros amigos Marcos y Casi ponen en el flamante y recién estrenado salón de su bodega, es un lujo que no tiene precio.
Mi mujer y yo nos sentimos felices en Godojos y desde estas líneas damos las gracias a todos los que han compartido con nosotros estos días.
CARLOS ALDA. MIAMI PLAYA 2012





lunes, 28 de mayo de 2012

DÍA 22 DE MAYO. SANTA QUITERIA ABOGADA DE LA RABIA Y PATRONA DE ALHAMA DE ARAGÓN


ALas fiestas populares son las más bonitas y las que conservan todo el poder, la alegría y la tradición de un pueblo.
Alhama celebró la fiesta de su patrona con una alegría y un entusiasmo, que podía contagiar a cualquiera que tuviese la suerte de participar en ella.


Recuerdo que fuimos una vez en familia a dar gracias a santa Quiteria, abogada de la rabia, porque un perro nuestro, llamado “LITRI”, mordió a un chico del pueblo, pero no le trasmitió la rabia. Mis padres adornaron  el carro de mi abuela con ramas verdes y flores de las que abundan en mayo. Las dos familias montamos de madrugada en el tradicional vehículo y después de hora y media nos presentamos ante la ermita de la Santa. Oímos misa con devoción y al terminar, la tía Joaquina, madre del niño mordido, cantó varias coplas a la abogada de la rabia, en agradecimiento porque a su hijo no le había pasado nada. Después nos unimos a la celebración de todo el pueblo de Alhama, comimos una rica comida, oímos la música, bailamos, cantamos y jugamos llenos de alegría. Guardo un maravilloso recuerdo de ese día, a pesar de ser un niño todavía pequeño.
Cincuenta y muchos años después he vuelto a vivir la fiesta de santa Quiteria con su peregrinación hasta la ermita. Todo se lo debo a la amabilidad de  Celia y a Tito que, a través de Conchita y Borque, me invitaron a la fiesta. La hija de Celia era la que tenía la VARA, pero fueron sus padres los que le ayudaron en la organización y desarrollo de la fiesta, ya que llevaban alrededor de CIEN invitados.
Al llegar a Alhama me encontré con la procesión, que acompañada de charanga, llevaban a la Santa Virgen a la ermita de san Roque. Es costumbre cantarle a la Santa coplas en la que se le piden los deseos propios de cada uno. Celia le cantó en su ermita y le pidió que aumentase la familia y que mantuviese la fe de todos. Celia está preocupada y entusiasmada porque su hija está embarazada y en unos meses dará a luz a un niño. De ahí su petición.
A las once y media montamos en los tractores camino de la ermita. La salida se anunció con unos cohetes y todos seguimos al tractor que llevaba la VARA MAYOR,  con la imagen de la Santa. En el camino se nos ofrecieron pastas y riquísimo vino dulce que bebíamos en porrón, aunque con el traqueteo del tractor resultaba  bastante difícil. Rubén, hijo de Celia y de Tito, que ocupaba la parte trasera del tractor, resultó ser un experto en estos menesteres. Marisa, una simpática madrileña invitada a la fiesta, también lo intentó con mucho cuidado y notable éxito.
Una vez que acampamos en la llanura, al pie del monte de la ermita, iniciamos la empinada, dolorosa y costosa subida. La vereda era estrecha y muy empinada. El sobrealiento se hacía notar en nuestros pechos. No sin esfuerzo llegamos hasta  la pequeña altiplanicie donde se encuentra la ermita. Entramos con respeto y devoción y saludamos a la Santa que se encuentra en el centro del altar.
La ermita es muy sencilla. El recinto está bien blanqueado y limpio. Tiene un pequeño retablo con altar y un púlpito, en mitad de la sala. Adosados a las paredes se encuentran unos rudimentarios poyos para que la gente pueda sentarse. Al lado de la ermita hay un solar donde sin duda ninguna debió estar la casa del ermitaño o santero hace años. En la planicie hay una charca con abundante agua. También hay árboles y plantas rodeando la ermita y la charca. Más arriba se encuentra el pequeño manantial que alimenta a la charca.
El cura don Ramón dijo la misa y los asistentes cantaron y rezaron con devoción. Todas las personas que subieron hasta la ermita  entraron para ver y saludar a la Santa. Se notaba que había un rescoldo de fe y de emoción en todos los que con cariño subieron hasta el cerro.
Me contaron los de Alhama que, en tiempos, la ermita era compartida por Alhama y Bubierca. Como había disputas y alguna que otra riña, los de Alhama cedieron unos terrenos a los de Bubierca y adquirieron la prioridad para celebrar la fiesta de la santa siempre, ellos solos, el día veintidós de mayo.
Abandonamos el monte y bajamos al valle. Allí nos esperaba un riquísimo y variado vermut y una abundantísima y apetitosa comida. Grupos de personas se habían distribuido en distintos lugares del valle y de la chopera. Encontramos mesas bien dispuestas, con amplios tableros, llenas de platos con diversos aperitivos, jamón, chorizo, cortecitas, queso, tortillas al gusto: de patata, de patata y cebolla, de verduras, de chorizo, de jamón, de escabeche, de gambas… en unas enormes parrillas asaron varios kilos de sabrosísima papada y de riquísimas chuletas de cordero de Aragón. Tampoco faltaron los postres de un aspecto y una variedad envidiables.
Había agua fresca, cerveza con alcohol y sin, vino blanco, clarete y tinto en abundancia. Después de los postres tuvimos café y variedad de licores, destilados, coca colas, tónicas, pacharán, orujos, chupitos… No sé como el cuerpo de algunos pudo aguantar tanta cantidad y variedad de licores como ingirieron.
La  comida resultó muy animada. Hubo brindis abundantes, apetito envidiable, carcajadas y buen humor a raudales. En la sobremesa se cantaron jotas y otras canciones que las personas cantamos cuando hemos bebido y estamos contentos.
Salvo una pequeña lipotimia, sin duda debida al calor, no hubo que lamentar el más mínimo incidente.   
A las seis de la tarde se bajó a la gran chopera donde los feriantes habían instalados diverso puestos de venta y esparcimiento. La charanga tocó música bailable y la gente joven se animó a bailar y a pasarlo estupendamente durante más de una hora.
A las ocho volvíamos a montar en el tractor y a recorrer el viaje de vuelta, porque los cofrades tenían que ir a buscar a la Santa que por la mañana habían dejado en la ermita de san Roque y devolverla a la suya. En el garaje del Manazas  se formó la comitiva presididos por la VARA MAYOR  y precedidos por el pendón, con la imagen de la santa, que iba abriendo paso. La charanga tocaba animadas canciones y el pendonero bailaba el pendón con una maestría que admiraba al público.
Cuando llegamos al centro del pueblo, desde las aceras y desde las terrazas de los bares la gente aplaudía al grupo de cofrades y a la comitiva. Estos respondían lanzando una lluvia de caramelos que los niños y niñas y algunos mayores recogían con verdadero entusiasmo. Pasmos el puente y dimos por terminado el viaje. Los cofrades llevaron a su Santa a la ermita y después se reunieron a cenar en el garaje. Comida y bebida tenían en abundancia.
Gracias amigos de Alhama por haberme permitido pasar un día tan estupendo. Gracias Celia, Tito, Mariano, Carmen, Pascual, Máximo, Carlos Galindo, Conchita y J. Borque. Gracias a todos por vuestra amabilidad, por vuestra fe y cariño hacia la Santa y por vuestro saber estar en todo momento.
CARLOS ALDA. ZARAGOZA, 25 DE MAYO DE 2012RAGÓN