martes, 17 de enero de 2012

VIVENCIAS EN GODOJOS


Entre Zaragoza y Godojos  solamente hay algo más de cien kilómetros. Es gratificante recorrerlos, aunque sea en invierno, si sabes que allí te esperan personas a las que aprecias y que sabes que te aprecian, para pasar juntos unas horas, compartir sabrosas chuletas en la bodega, paladear los naturales y apreciados vinos de cosechero y disputar unas competitivas partidas de guiñote en el acogedor bar del pueblo.
Tres veces he visitado Godojos, acompañado de mi mujer, a quien cada vez le gusta más pasar algún rato en el pueblo rodeada de amigos y familiares.
A finales de noviembre me llamó un amigo y antiguo profesor  y me dijo que estaba con su señora en el balneario de las Termas en Alhama. Me faltó tiempo para recomendarle que se presentase al primo Máximo, quien desde el primer momento  los trató como amigos. Además, de inmediato, aprovechando que  Borque y la prima Conchita estaban allí, les preparamos una invitación en la bodega. Aceptaron gustosos y se lo pasaron en grande. Bebieron y comieron a placer y alabaron lo ricas que estaban las chuletas, lo bien que pasaba el vino tinto y lo agradable qu4e les resultaba nuestra compañía.
Tomamos café en el bar y recorrimos el pueblo. Les llamó la atención tanto el castillo como la iglesia. “Es una iglesia bonita y muy amplia”, comentó mi amigo.  Regresaron al hotel muy contentos y prometieron volver a visitarlo en verano.
De nuevo volvimos a Godojos en el puente de la Constitución. Aperitivo  en el bar, merienda en la bodega y disputadas partidas de guiñote durante la tarde y también después de cenar. Es estupendo bajar al bar y encontrarte con caras conocidas, hablar con los amigos y comentar historietas y ocurrencias vividas hace muchos años. Godojos los días de fiesta con ambiente es agradable y acogedor.
DÍA DE LA VIRGEN DE ESPERANZA
¡Qué recuerdos tan agradables me trae esta fiesta! De niños la vivíamos con emoción y entusiasmo. Los nueve días anteriores se hacía la novena en la ermita de la Virgen. Se rezaba y se cantaban cánticos muy bonitos. Mi padre se los sabía de memoria y recuerdo que Germán Monge, antes de morir mi padre, me trajo uno de los versos que se cantaban a la Virgen de Esperanza en su novena.
La víspera de la Virgen, los mozos hacían una pequeña hoguera en la plazoleta cerca de la ermita. Al día siguiente había misa solemne presidida por el Ayuntamiento en pleno. Recuerdo que el alcalde llevaba la vara de mando. Después de la misa las autoridades, el cura, el médico y la Guardia Civil tomaban el aperitivo en el salón del Ayuntamiento. A los monaguillos nos daban una copita de vino dulce y una barrilla de guirlache que nos sabía a gloria.
Esto son recuerdos para la historia. Este año, la víspera se hizo una gran hoguera en la bajada de la fuente. Las llamas oscilaban altas y brillantes como lenguas de gigantescos dragones. Hubo que amortiguar el fuego rociando desde lo alto con pozales de agua. Muchas personas disfrutaron de estos momentos y después pudieron asar las consabidas patatas y algunas ristras de chorizo y longaniza. A pesar del frío el ambiente era cálido y de buen humor.
Al día siguiente, asistimos a misa y el cura mejicano nos hizo cantar, aplaudir y corear piropos a la Virgen de Esperanza. Sacamos a la Virgen en procesión por el pueblo. Estaba guapa, tan adornada y florida en su peana. Recordé parte de una oración que le hacíamos cuando yo era niño: “Pues vuestro poder alcanza, cuanto de Dios esperamos, Madre, Virgen de Esperanza”. Repetí estas frases con devoción recordándome de de los presentes y de los que ya no podían estarlo, pero que sin duda las rezaron un día llenos de fe y de cariño hacia nuestra Virgen.
La comida de hermandad, costeada por el Ayuntamiento, en el salón de las escuelas, fue genial y estuvo muy concurrida. Conté más de cien comensales. Los aperitivos fueron abundantes, buenos y contundentes. El vino “Alhago” estaba en su punto. Después del aperitivo, el restaurante “JOMA” nos trajo un guisado calentito y muy sabroso. Varias señoras de las que allí estaban repartieron los platos por las mesas y en pocos minutos todos estábamos dando buena cuenta de nuestro exquisito guisado. Había alegría, ambiente festivo y ganas de pasárselo bien. Después de los postres subimos hacia el bar donde pronto se ocuparon todas las mesas con sendas partidas de guiñote o de rabino. Da gozo ver el bar rebosante de personas pasándoselo en grande. Tengo que reconocer que no todo fue estupendo, pues Conchita y mi mujer nos dieron al Borque y a mi una soberana paliza al guiñote.
Me hubiese gustado pasar algún día de las navidades en Godojos, pero por una cosa o por otra me fue imposible viajar hasta allí.   




viernes, 2 de diciembre de 2011

ALMUERZOS DE NOVIEMBRE



Hoy hemos hecho el tercer almuerzo de noviembre. Realmente almorzamos bien, pero lo interesante es juntarnos amigos y familiares, con los que nos sentimos muy a gusto.

En los dos últimos almuerzos, costeados por el Borque y Roque, han aparecido Alfonso Cebolla, que no pudo asistir al primero por obligaciones de abuelo, y Alfonso. Alfonso nació en Godojos hace ya muchos años. Es sobrino del tío Peña, que se llamaba Pablo. Nos ha enseñado una fotografía de cuando tenía tres años, montado en un burro en la puerta de alguna humilde casa, de las que antaño había en Godojos. A mi me ha hecho retroceder en el tiempo. He vuelto a los años de mi infancia al ver esa foto en blanco y negro.

En el almuerzo hablamos de todo, en especial de temas relacionados con Godojos. Alguien comentaba que el tío Peña era especialista en hacer hoyos para plantar vides. Yo recuerdo al tío Peña y a su mujer, Josefa. Vivían en una sencilla casita en un callejón, más arriba de las Cuatro Esquinas. Él era pequeño, arrugado, pero valiente y trabajador como tantos del pueblo. Su sobrino Alfonso se parece a él. También es pequeño, pero sonríe con alegría y se le ve buena gente.

Sigue con nosotros en los almuerzos mi primo José Luis Nieto. Hoy, recuperado ya de su operación de hernia discal, disfrutaba de un permiso “Moscoso”. Mañana coge las vacaciones. Se lo pasa muy bien  con nosotros a pesar de ser más joven. Además juega al guiñote la mar de bien.

Paco, el marido de Dolores Cebolla, comenta lo feliz que les hace leer la página de “ECOPICAZO”. En ella van descubriendo poco a poco lo que era y lo que todavía conserva Godojos. De hecho guardan un recuerdo estupendo de su último viaje en el que disfrutaron de una estupenda barbacoa saboreada en familia.

 El próximo almuerzo, al que invita mi hermano Alfonso, se celebrará el día 13 de diciembre, fiesta de santa Lucía. SANTA LUCÍA es una fiesta para recordar.

Hace muchos años, yo no lo recuerdo pero he oído contarlo, un grupo de muchachas aprendían el oficio de modistillas en la casa donde ahora vive  Felisa con su hijo Jesús, en una esquina de la plaza junto a la iglesia. Como santa Lucía es abogada de la vista y por lo mismo patrona de las modistas, estas celebraban su fiesta con mucha alegría.

Yo recuerdo la fiesta de SANTA LUCÍA por la hoguera que los chicos hacíamos en el centro de la plaza la tarde del día trece. A partir de la una ya no había escuela. Comíamos a toda marcha y recorríamos el pueblo, de casa en casa, pidiendo leña para la hoguera. Se formaba una gran pila de leña compuesta de fajos de aliagas, espliego y gavillas de sarmientos. Al prenderle fuego, mientras las llamas subían oscilantes y la leña chisporroteaba y crepitaba con furia, nuestra alegría y alborozo eran inmensos. Cuando ya se formaba el rescoldo, cada uno recogía un buen grupo de brasas para asar sus patatas. ¡Qué buenas nos sabían! Recuerdo un año que nos fuimos a comerlas, con una poca sal, a la bodega del tío Cesáreo, que era tío del Borque. Nosotros le dábamos patatas y él nos daba vino. ¡Qué buenas nos sabían a nosotros las patatas y qué malo nos sabía el vino!, éramos todavía niños. A él, sin embargo, le sabía mejor el vino que las patatas.

Pienso que son fiestas y tradiciones que deberíamos revivir y celebrar, aunque nada más fuese comiéndonos en  buena amistad unas pataticas asadas y bebiéndonos unos traguillos de vino.

Un saludo para todos los que leen ECOPICAZO  y un feliz puente de la Constitución y de la Inmaculada.

CARLOS ALDA. ZARAGOZA 30 DE NOVIEMBRE


viernes, 11 de noviembre de 2011

EL PRIMER ALMUERZO



Hoy, día nueve de noviembre hemos celebrado el primer almuerzo del curso 2011-2012.

 ¡Qué bien hemos almorzado! Como introducción unas buenas rodajas de morcilla. Como decía Baltasar de Alcázar en su “Cena Jocosa”: “La morcilla, ¡Oh gran señora!, digna de veneración. Estaba sabrosísima. Yo diría que nos ha sabido a poco, si no fuera porque antes de terminar ya estaban allí dos platos de chorizo y longaniza fritos y jugosos, que nos pedían a gritos que no dejásemos ni uno solo.

Y sobre las marcha, sin terminar los entrantes, dos huevos fritos con bacón  o jamón, vuelta y vuelta y abundantes patatas fritas. ¿Hay algo mejor que dos huevos fritos a las diez y media de la maña? Sí, alguien me dio la respuesta. Mejor que dos huevos fritos son tres huevos fritos. Tenía razón.

Pero tanta comida sin saborear un buen vino, no merecería la pena. Por este motivo nos han sacado un vino estupendo, no diré tan bueno como el de Godojos, que forma parte del refranero, pero también nada despreciable.

Las viandas y el vino eran estupendos, pero la compañía no se podía superar. Empezaré nombrando al más veterano, mi tío José Alda, que ya tiene ochenta años y que cuántos más años cumple más apetito tiene. Faltaba el primo Alfonso Cebolla y el veterano Joaquín, godojeños de pro, ausente uno por motivos familiares y otro porque las piernas no le responden mucho. También estaba mi hermano Alfonso, poco comedor pero gran fumador. Ángel mi cuñado, que todavía no tiene buen color, ya que ha salido, recientemente, de una operación dolorosa. Roque, Marido de Marisa, que a pesar de sus largas caminatas, no ha conseguido eliminar la barriguilla que ha adquirido este verano por su tierra de Villa Blanca, provincia de Huelva. Carlos Galindo, natural de Alhama de Aragón, Marido de Elena y apegado a Godojos. Jesús Borque, amante de Godojos, de sus vinos, de sus tradiciones y de sus amigos. Mi primo José Luis, único trabajador del grupo, de baja por una hernia discal que le ha dado muchos dolores y no pocas satisfacciones en los últimos meses. Estaba un servidor, Carlos Alda, que soy quien realiza la crónica del evento.

Y me dejo para el fina a PACO. Paco es quien hoy nos invitaba. Paco es una persona estupenda. Un día tuvo la suerte de conocer a una godojeña guapa, de redondos ojos negros y de mirada profunda: DOLORES. Paco se incorporó a nuestro grupo y nosotros nos sentimos honrados y muy satisfechos con su presencia. Paco es una persona, afable, sencilla, culta, de fácil y agradable conversación que nos cae bien a todos, el nos quiere y se hace querer, estamos encantados con que nos acompañe en estos almuerzos.

Hemos terminado el almuerzo con nuestros cafés, carajillos, copas, chupitos y cigarros fuera del bar, porque hacía un tiempo estupendo. Después la hemos emprendido con el guiñote, que nos ha entretenido hasta las trece horas. Contentos y felices nos hemos despedido hasta el próximo almuerzo que será dentro de breves días.

ZARAGOZA, 9, 11, 11.

CARLOS ALDA    

jueves, 27 de octubre de 2011

FIESTAS CON GAITEROS



Ya hemos hablado de dos fiestas con gaiteros: san Lamberto y  san Lorenzo. Las otras dos fiestas con gaiteros se celebraban en el mes de septiembre, después de haber recogido las cosechas. Septiembre era en Godojos un mes tranquilo. En el campo había uva abundante, las higueras nos ofrecían sus higos, los almendros sus almendras, los nogales sus nueces y el trabajo era muy llevadero, roto solamente una semana por la siega y venta del espliego para hacer esencia de lavanda.



LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN.

Era la tercera fiesta con gaiteros. La fiesta duraba dos días, había una cofradía y los cofrades honraban a  su patrona con los ritos de siempre: Rosario de la Aurora, misa solemne cantada, y procesión con la imagen de María por las calles del pueblo. Por la mañana después del Rosario de la Aurora se disfrutaba de las consabidas copas de anís o aguardiente que se enjugaban con ricas rosquillas y mantecados.

 Después de misa, y acompañados por los gaiteros, los cofrades con sus varas se dirigían  a casa del Hermano Mayor de ese año para tomar el vermut. Los mejores vinos viejos y rancios se sacaban para la ocasión. Entonces, estos vinos especiales no faltaban en ninguna casa.

 Los gaiteros, que habían dado la vuelta al pueblo tocando la Diana Floreada, acompañaban con su música todos los movimientos de los cofrades. Además antes de comer amenizaban el primer baile de medio día, así como el baile de la tarde y de la noche.

En esta misma fecha, ocho de septiembre, se celebraba la Feria de Calatayud. Muchos godojeños viajaban  a la antigua ciudad de Bílbilis para comprar caballerías, aperos, congrio seco y resalado, una ristra de ajos y, si llegaba el dinero, para asistir a una corrida de toros. Recuerdo el año que toreó Chamaco que, la pandilla nuestra, con nuestros padres, estuvimos segando espliego para poder ir a verlo torear.



FIESTA DE LA SANTA CRUZ

Se celebraba el catorce de septiembre. Era una fiesta simpática, que de alguna manera preparaba para la vendimia. La cofradía de la Cruz era la mayor del pueblo. Prácticamente todos los adultos pertenecían a ella. Su obligación era asistir a los entierros de los cofrades difuntos y celebrar la fiesta el día de la santa Cruz. Después de la misa de difuntos y del entierro se pasaba lista. Los cofrades que no habían asistido tenían que pagar una pequeña sanción económica. Los chicos esperábamos que llegase la lista a la familia del tío Agustín Tomás. El apellido de sus hijos era Tomás, Tomás y encima uno de ellos se llamaba Tomás, con lo que el que leía la lista decía Tomás, Tomás, Tomás. Esto nos hacía mucha gracia y siempre nos echábamos a reír.

En Cariñena, desde hace algunos años, el día de la Cruz, la fuente, en vez de echar  agua echa vino. En Godojos, desde tiempos inmemoriales, el día de la Cruz, no manaba vino la fuente, hubiera sido demasiado, pero sí había vino gratis en la plaza para todo aquel que quisiera beber.

Los chicos comprábamos cacahuetes y sardinas arenques y nos acercábamos para que nos diesen un vasillo de vino.

Los mayores llenaban sus jarras, botas o porrones y disfrutaban del buen tiento en su merienda. Si hacía bueno se sacaban mesas y comida a la puerta en las casas de la plaza. Recuerdo como el tío Ramón, el abuelo de Miguel Ángel, sacaba la mesa plegable de doce patas y saboreaba una rica caracolada, aderezada con jamón, chorizo, tomate y picantes guindillas para que entrase mejor el vino. Con el porrón en la mano hacía la rana si alguno de los chicos se lo pedíamos.

Por supuesto que las funciones religiosas y el baile con gaiteros se celebraban como en las otras fiestas.

Dado el machismo de la época, solamente había cofrades, las chicas y señoras no formaban parte de las cofradías. No estaría mal que revitalizásemos alguna de estas cofradías y por supuesto que fuesen mixtas o incluso que las mujeres, que son más activas que los hombres, formasen su propia cofradía.

Alguien sugirió que  la fiesta de san Lorenzo podíamos celebrarla, puesto que estamos de vacaciones,  con una gran parrillada popular, en memoria del santo, que fue asado en las parrillas. Es una idea estupenda para tenerla en cuenta.

Si reviviéramos alguna de estas fiestas, el pueblo tendría más vida y seguro que los que estamos fuera volveríamos para participar en esos actos.

CARLOS ALDA

Zaragoza 26 de octubre de 2011  

jueves, 20 de octubre de 2011

VERANO EN GODOJOS

Pasar unos días del verano en Godojos es un privilegio. Este año he tenido la suerte de disfrutar de este privilegio. Llegué a Godojos la tarde del día doce de agosto. Una gran tormenta había descargado más de cincuenta litros  de agua por m2, según me comentaron los que la presenciaron. Las calles del pueblo bajaban como ríos. Los caminos del campo, convertidos en torrentes, se precipitaban impetuosos, llenos de agua roja, hacia el barranco. El barranco Baldaroque  rebosaba de agua, como yo lo recordaba de niño, cuando subíamos a Santa Ana, o bajábamos al puente, después de la tormenta, para contemplar la magnitud de la riada. En la confluencia del barranco de Carraibdes con Baldaroque  se formó un inmenso lago de agua achocolatada. Al pasar con el coche por el Chorrillo, se oía el estruendo que formaba la masa de agua y los guijarros que rodaban incansables, impulsados por la fuerza torrencial de la corriente.
Después de la tormenta, el cielo de Godojos quedó transparente. El aire olía a frescor, a ozono y a hierba mojada. Los árboles de la plaza movían agradecidos sus limpias y brillantes hojas.  La gente, que todavía permanecía en el pueblo, estaba contenta.
Ese mismo día al atardecer, en la bodega “LA CEPA”, con mi amigo BORQUE y en compañía de Salva, Tere, Conchita, mi esposa Maribel y quien escribe estas líneas, merendamos unos sabrosos caracoles y un riquísimo cabritillo, por supuesto regado con el recio y oloroso vino tinto que Jesús  guarda en su bodega.
Desde la bodega nos bajamos al estupendo bar del pueblo, no sin antes saludar al amigo Amalio y a Rosa, que tomaban la fresca en la puerta de su bodega. Allí saludamos a los bebedores y nocherniegos de la terraza del bar o de su acogedora barra.
Rápidamente emprendimos una partida de guiñote, para jugarnos los ricos cafés y licores que nos sirvieron con maestría y buen humor Esther y Pascual. La velada fue de lo más agradable. Cuando ya se hizo muy tarde subimos a descansar, no sin antes contemplar el maravilloso cielo estrellado que se divisa en lo alto del Picazo desde las Cuatro Esquinas.
 El día trece de agosto amaneció claro y transparente. El cielo tenía un color azul intenso. Tras saludar a los guardianes de la plaza, que toman la sombra debajo de las tupidas moreras, en compañía del Borque, emprendimos el viaje, andando hacia el enebro que se alza airoso en la Atalaya. El ENEBRO es más viejo que el árbol de Guernica. Lo han contemplado nuestros padres, nuestros abuelos, bisabuelos y nuestros tatarabuelos. Si quisiéramos hacer un escudo de Godojos debería aparecer el enebro junto al castillo, el eco y el cerro de “Santana” donde se ocultan las bodegas. La subida hasta la Atalaya es dura y costosa. Además el camino había quedado muy perjudicado con la tormenta del día anterior, pero tuve suerte, a la mitad de la cuesta apareció mi primo Máximo con su coche y me llevó hasta la cumbre, Borque terminó la penosa ascensión a pie. Allí nos repusimos con un sencillo almuerzo en el que había pan, vino, jamón, chorizo de caza mayor, sardinillas en aceite y jugoso queso de cabra.
El paisaje que se divisa desde el enebro es una maravilla. Al fondo aparece el pueblo coronado por la torre de su castillo. A los pies están las chorreras de Los Barrancos y el zigzagueante Baldaroque. La vista domina todo el término hasta la dehesa de Alhama. Muchos son los recuerdos que se agolpaban  entonces en mi mente. La inmensa extensión de viñedos que poblaban todos esos campos cuando yo era niño. La vida que  bullía en ellos. Hombres curtidos que trabajaban sus tierras ayudados por sus caballerías y acompañados de sus perros. Canciones que se oían por doquier. Sudores que se derramaban antes de recoger las cosechas…
Con Máximo recorrimos parte del campo para comprobar la magnitud de la tormenta del día anterior. Ya en el pueblo y acompañados por las mujeres y otros amigos del pueblo disfrutamos de un generoso vermut en la acogedora y fresca terraza de nuestro bar. 
De nuevo merienda en la bodega, tertulia en el bar y partida de guiñote. Saludamos a Pili y a Santiago que estaban acompañados de un matrimonio de Zaragoza, conocidos por ser vecinos en la playa de Miami y por ser la Directora del colegio Madre Vedruna de Zaragoza. También saludamos con alegría a nuestro amigo Miguel Ángel, a su madre Librada y a sus hermanas, cuñados y sobrinos. Me alegró mucho encontrarme con Jesús Martínez, amigo de la niñez, así como con su simpática pareja. En los días sucesivos saludamos a Olga y a su hermana, también a sus dos hijas y a sus respectivas parejas. Al salir de misa el día de la Virgen pudimos saludar al resto de las personas del pueblo, a las que me gustaría nombrar, pero que no lo hago porque resultaría demasiado prolijo.
Los días fueron pasando de forma agradable. El último día, día de san Roque, oigo doblar tristemente las campanas. Tocan a muerto. Me dicen que ha fallecido FERMÍN CEBOLLA LÓPEZ. Yo me recordaba perfectamente de Fermín. Lo recuerdo cuando era estudiante y también  cuando se hizo sacerdote. Fermín era una persona activa y despierta. El arzobispo Morcillo lo tuvo  a su lado como sacerdote periodista. Cuando a  Monseñor Morcillo lo hicieron arzobispo de Madrid, el sacerdote Fermín se trasladó con él a la Villa y Corte. Allí abandonó el sacerdocio y se dedicó de pleno a su profesión periodística. Fue Director de la agencia COLPISA. Hubo un tiempo en el que leí, en Heraldo de Aragón, muchos artículos cedidos por dicha agencia y firmados por él. Fermín fue un gran periodista y los de Godojos nos tenemos que sentir orgullosos de que un paisano y pariente nuestro triunfara en su profesión a nivel nacional. Desde aquí doy mi sentido pésame a su hermana Dolores, a José Antonio y a todos sus parientes más cercanos.
La tarde de san Roque abandoné Godojos, no sin pena, para volver a la playa. También en la playa se está muy bien, pero como en Godojos…
En septiembre, BORQUE  Y CONCHITA pasaron unos días de descanso en la playa con nosotros. Borque se puso el bañador, pero no conseguimos que se mojase ni siquiera hasta la rodilla. No pasó lo mismo con Conchita que se dio unos fabulosos baños.
Tengo entendido que el sábado, día uno de Octubre, personajes importantes de Godojos disfrutaron de una estupenda comida en el bar del pueblo. Allí se reunieron Joaquín Domingo, uno de los pocos patriarcas que quedan en Godojos. Amalio Millán, ilustre por sus muchas relaciones con la alta aristocracia del país. Jesús Monge, mayorista de Mercazaragoza y su hermano José.  Les acompañaron las dos Rosas, esposas de Amalio y de Jesús. Alguien me dijo, que además de comer opíparamente, pasaron unos momentos inolvidables recordando tiempos pasados.
Miami Playa. Día 5 de octubre de 2011.
Carlos ALDA
  

miércoles, 10 de agosto de 2011

FIESTA DE SAN LORENZO

La fiesta de san Lorenzo coincidía con el final de la trilla. Para el diez de agosto, pocas parvas quedaban  por trillar  y pocos montones de trigo por aventar.  La fiesta de san Lorenzo tenía su cofradía. El día del santo se le sacaba en procesión en una adornada peana, en la que, junto a sus parrillas, colgaban cuatro ricos rollos recubiertos de azúcar blanca.
San Lorenzo era de Huesca.  Y es también su santo patrón.  Labordeta cantaba:”Viva Huesca que es mi pueblo/ san Lorenzo mi patrón”.
San Lorenzo fue diácono del papa san Dámaso. El Prefecto romano le pidió que le diese los bienes de la Iglesia. El santo repartió todos los bienes  que tenía la iglesia entre los pobres. después  se los presentó al Prefecto romano diciéndole: “Estos son los bienes de la Iglesia”.
Lo condenaron a  morir asado en las parrillas. Cuenta la leyenda que a medio asar  se dirigió al tirano y le dijo: “ya estoy asado por una parte, ya puedes darme la vuelta y asarme por la otra”.
Para san Lorenzo venían los gaiteros de Ibdes.  Tocaban por las calles y en la plaza a la hora del baile. Como los mozos y las mozas ya no trabajaban tanto, los bailes resultaban animadísimos. ¡Lo que daba de sí una flauta y un sencillo tambor!
Terminadas las fiestas de san Lorenzo, los chicos y jóvenes pensábamos en la Virgen y san Roque, cuyas fiestas se celebraba en Alhama y en Calatayud. Al vecino pueblo de Alhama pasábamos los chicos andando por la cuesta a pasar una tarde. Echábamos de menos el agua fresca de nuestra fuente, pero disfrutábamos viendo a los gigante y cabezudos. Si teníamos la suerte de que nuestros padres nos bajaban a Calatayud a ver las vaquillas, a la vez que nos comíamos un buen bocadillo y nos refrescábamos con una buenas “raldas” de roja y jugosa sandia, eso ya era un auténtico lujo.
CARLOS  ALDA. DESDE MIAMI PLAYA. 10,O8,11

jueves, 28 de julio de 2011

ACACIA, NUESTRA CENTENARIA, HA MUERTO

Godojos ha amanecido hoy un poco más triste. Su cielo azul radiante brillaba menos que otros días. Si hubiésemos salido al campo habríamos observado que las hojas de sus viñedos estaban más mustias, más apagadas. Los pájaros volaban indecisos, y de sus gargantas no salían los alegres trinos y gorjeos de otras veces. Las chicharras habían enmudecido su monótona serenata canicular y las campanas seguro que habrán sonado plañideras y llenas de  tristeza. Hoy, día veintitrés de julio de  dos mil once se apagó el tenue soplo que mantenía con vida a nuestra querida centenaria Acacia.
Acacia se nos ha  ido sin hacer ruido, en silencio, sigilosamente como fue toda su vida. Por no molestar daba la sensación de que andaba de puntillas. Hace un mes que celebrábamos su centenario, hoy lloramos su muerte, aunque sin duda creemos que estará en un lugar mejor, donde todo es luz, donde ya no hay sufrimiento ni tristeza, donde todo es alegría y felicidad. Sin entonces le obsequiábamos con un gran ramo de flores, hoy deberíamos obsequiarla con un sencillo ramillete de nuestras más sencillas oraciones.
Con la pérdida de los seres queridos, todos notamos que se van arrancando girones de nuestras vidas, que se van abriendo huecos difíciles de llenar. Desde esta página de “Eco-Picazo” queremos mostrar nuestras condolencias a sus hijas, a sus yernos y a su nieta. Estamos con ellas y con ellos en el dolor por la pérdida de su madre o abuela. Guardaremos en nuestro  recuerdo los momentos dichosos vividos junto a ella, la conservaremos en nuestra memoria como era: sencilla, delicada, cariñosa y llena de humanidad.
Godojos es un poco más pobre, pero los que vivimos y queremos a nuestro pueblo nos sentimos orgullosos de haber conocido y compartido momentos de nuestra  vida con personas tan íntegras, tan buenas y generosas como ACACIA.
Desde MIAMI PLAYA.  CARLOS ALDA.